princesmain
Poeta fiel al portal
MI QUERENCIA (Simón Díaz)
Lucero de la mañana
préstame tu claridad
para alumbrarle los pasos
a mi amada que se va.
LUCERO DE LA MAÑANA
(Glosando a Simón Díaz)
Amanecer en tu pecho
mientras el sol se divisa,
florecer con tu sonrisa
cuando en mis brazos te estrecho.
Sentir que tengo derecho
de tu pasión tan temprana,
y al susurro en la fontana
de sus aguas el rumor,
nos ilumina en rubor
lucero de la mañana.
Tus besos son mi horizonte
al alumbrarse mi día,
es tu querencia a porfía
como un canto de sinsonte.
La suave brisa del monte
me inunda en felicidad,
hace un sueño realidad
y al susurrarme un te quiero,
yo le suplico al lucero
préstame tu claridad.
Se duerme en la palma el viento
cuando sopla tempranito,
este amor es tan bonito
que en mi corazón lo siento.
En su voz vibra el aliento
y en los más dulces ocasos,
bebe mi vino en sus vasos
mientras se encienden estrellas,
que fulguran todas ellas
para alumbrarle los pasos.
El gavilán mañanero
sale volando llanuras,
remontando las alturas
como triste amor viajero.
Lo busco por el sendero
preguntando si vendrá,
mi silencio llorará
cuando en callado lamento,
un adiós dejo en el viento
a mi amado que se va.
Original de Maria Ines Arrabal
Princesmain
Todos los derechos reservados
Copyright(c)2014
Lucero de la mañana
préstame tu claridad
para alumbrarle los pasos
a mi amada que se va.
LUCERO DE LA MAÑANA
(Glosando a Simón Díaz)
Amanecer en tu pecho
mientras el sol se divisa,
florecer con tu sonrisa
cuando en mis brazos te estrecho.
Sentir que tengo derecho
de tu pasión tan temprana,
y al susurro en la fontana
de sus aguas el rumor,
nos ilumina en rubor
lucero de la mañana.
Tus besos son mi horizonte
al alumbrarse mi día,
es tu querencia a porfía
como un canto de sinsonte.
La suave brisa del monte
me inunda en felicidad,
hace un sueño realidad
y al susurrarme un te quiero,
yo le suplico al lucero
préstame tu claridad.
Se duerme en la palma el viento
cuando sopla tempranito,
este amor es tan bonito
que en mi corazón lo siento.
En su voz vibra el aliento
y en los más dulces ocasos,
bebe mi vino en sus vasos
mientras se encienden estrellas,
que fulguran todas ellas
para alumbrarle los pasos.
El gavilán mañanero
sale volando llanuras,
remontando las alturas
como triste amor viajero.
Lo busco por el sendero
preguntando si vendrá,
mi silencio llorará
cuando en callado lamento,
un adiós dejo en el viento
a mi amado que se va.
Original de Maria Ines Arrabal
Princesmain
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