Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Se hizo breve la desnudez del alba
vertida bajo la sombra del chopo,
pensé en la luz insaciable sobre el río,
en los cantos rodados en su fondo,
como los peces olvidan al cielo
dentro de su destino inacabado,
y allí, con las manos abiertas y vacías
mojé mis labios en el cristal frío
del cauce interminable del tiempo,
y pensé que las hojas son las lágrimas
de las ramas dormidas del almendro.
En el aire se deslizan delicadas
en busca de la eternidad del vuelo,
pero no hay más aire que un suspiro,
un halito de brisa entre los pinos
donde un rayo de sol brilla en el agua
y el canto rodado es parte del río.
Pensé en el campo de trigo que nace
al abrigo de las altas y agudas cimas,
como fue segado al arrullo del verano
y dejó una geografía de afiladas fíbulas
por donde voy descalzo y sin prisa,
sentí el alma romper su cárcel de piel
y la vi vagar con un suspiro en los labios,
supe que el tiempo es dueño del camino
y del cauce que interminable me lleva,
de la sombra fría del chopo soñoliento,
de la hoja que busca esperanza en el aire
donde las nubes van en busca del sol,
ellas, moteadas por la ceniza del campo
y del horizonte por donde vagan los coches
corren tras las hojas del calendario,
y pienso en las casas con sus puertas cerradas
que quedaron vacías y sin dueño,
nadie abre sus ventanas ni echa leña al fuego,
nadie descorre la cortina en la mañana
y deja caer el aroma de su habitación,
pienso que allí el tiempo es un inquilino
que permanece silente y a la espera,
de que alguien coja la llave y abra la puerta
y todo de nuevo recobre la vida,
que aquellas cosas silentes y abandonadas
eleven su voz y llenen con su armonía
las paredes vacías de la habitación.
Pensé que la vida es un instante
en el albor de un tiempo de cosecha,
en la plegaria cristalina del cauce
donde los peces lloran hojas secas
porque ya no se acuerdan del cielo,
pensé en un camino sinuoso lleno
por las huellas de los que se fueron
a la ribera del río en busca del mar,
pensé en abrir la puerta cerrada
y que mi alma vieja y cansada
hiciera con aquellas paredes su hogar,
que fuera espiga de trigo en el verano
y bajo la hoz del tiempo ser segada,
ser abreviatura en la desnudez del alba,
tan solo el canto rodado en el lecho
donde las esperanzas buscan cobijo.
Pensé en las luces y las sombras del pinar,
como en la melodía de este mundo
los pasos nos llevan al mismo sitio,
por causa incierta miramos al futuro
mientras solo somos hojas de un libro
escrito con las letras de nuestro pasado,
mientras el hoy es un camino sinuoso
entre las espigas finas del verde trigal,
un hálito de brisa en la geografía
de una nube que va en busca del mar.
Se hizo breve la desnudez del alba
vertida bajo la sombra del chopo,
pensé en la luz insaciable sobre el río,
en los cantos rodados en su fondo,
como los peces olvidan al cielo
dentro de su destino inacabado,
y allí, con las manos abiertas y vacías
mojé mis labios en el cristal frío
del cauce interminable del tiempo,
y pensé que las hojas son las lágrimas
de las ramas dormidas del almendro.
En el aire se deslizan delicadas
en busca de la eternidad del vuelo,
pero no hay más aire que un suspiro,
un halito de brisa entre los pinos
donde un rayo de sol brilla en el agua
y el canto rodado es parte del río.
Pensé en el campo de trigo que nace
al abrigo de las altas y agudas cimas,
como fue segado al arrullo del verano
y dejó una geografía de afiladas fíbulas
por donde voy descalzo y sin prisa,
sentí el alma romper su cárcel de piel
y la vi vagar con un suspiro en los labios,
supe que el tiempo es dueño del camino
y del cauce que interminable me lleva,
de la sombra fría del chopo soñoliento,
de la hoja que busca esperanza en el aire
donde las nubes van en busca del sol,
ellas, moteadas por la ceniza del campo
y del horizonte por donde vagan los coches
corren tras las hojas del calendario,
y pienso en las casas con sus puertas cerradas
que quedaron vacías y sin dueño,
nadie abre sus ventanas ni echa leña al fuego,
nadie descorre la cortina en la mañana
y deja caer el aroma de su habitación,
pienso que allí el tiempo es un inquilino
que permanece silente y a la espera,
de que alguien coja la llave y abra la puerta
y todo de nuevo recobre la vida,
que aquellas cosas silentes y abandonadas
eleven su voz y llenen con su armonía
las paredes vacías de la habitación.
Pensé que la vida es un instante
en el albor de un tiempo de cosecha,
en la plegaria cristalina del cauce
donde los peces lloran hojas secas
porque ya no se acuerdan del cielo,
pensé en un camino sinuoso lleno
por las huellas de los que se fueron
a la ribera del río en busca del mar,
pensé en abrir la puerta cerrada
y que mi alma vieja y cansada
hiciera con aquellas paredes su hogar,
que fuera espiga de trigo en el verano
y bajo la hoz del tiempo ser segada,
ser abreviatura en la desnudez del alba,
tan solo el canto rodado en el lecho
donde las esperanzas buscan cobijo.
Pensé en las luces y las sombras del pinar,
como en la melodía de este mundo
los pasos nos llevan al mismo sitio,
por causa incierta miramos al futuro
mientras solo somos hojas de un libro
escrito con las letras de nuestro pasado,
mientras el hoy es un camino sinuoso
entre las espigas finas del verde trigal,
un hálito de brisa en la geografía
de una nube que va en busca del mar.
Psos de busqueda en esos recorridos de espacios que se van paralizando en
bellos momentos. se otorga asi una mirada esencia frente a la vida, un
vuelo supremo de agasajo intimo que alienta al desgarro de la amabilidad
frente a la vida. excelente. saludos amables de luzyabsenta
FELICIDADESpor el reconocimiento obtenido.es un lujo haber podido leer esta bella obra de espacios que
derraman y se extienden entre vocaciones de sentimientos que son pureza de arte literario.
saludos amables de luzyabsenta