Pablo walfisch
Pablo walfisch
Ver luces que recuerden
aquellos colores,
esos que no se pueden definir.
Tener dedos inquietos para describir la deformidad de los besos indescriptibles.
En el amanecer la luz se reinventa cada día.
La noche muestra nuevas sombras,
desconoce los rostros.
Pero inevitablemente todo cambia cada mañana.
En algún sitio estarán los despojos que dejamos.
Esas cenizas que el viento empuja,
y en un remolino imperfecto,
ellos vuelven a buscar el último beso.
Indescriptible.
Esa boca ya sin labios,
busca,
en la imperfección,
ese espacio que no se ocupa,
por inexistente,
por olvidado.
Es ese beso imperfecto
el mismo que nos da la elección
del olvido.
El mismo que nos aleja de la muerte.
aquellos colores,
esos que no se pueden definir.
Tener dedos inquietos para describir la deformidad de los besos indescriptibles.
En el amanecer la luz se reinventa cada día.
La noche muestra nuevas sombras,
desconoce los rostros.
Pero inevitablemente todo cambia cada mañana.
En algún sitio estarán los despojos que dejamos.
Esas cenizas que el viento empuja,
y en un remolino imperfecto,
ellos vuelven a buscar el último beso.
Indescriptible.
Esa boca ya sin labios,
busca,
en la imperfección,
ese espacio que no se ocupa,
por inexistente,
por olvidado.
Es ese beso imperfecto
el mismo que nos da la elección
del olvido.
El mismo que nos aleja de la muerte.