ARIEL TORRE Y MOLINO
Poeta que no puede vivir sin el portal
(Requiem para un luchador)
En la misma mesa redonda
se ponen las tazas,
un azucarero, la panera,
el mantequillero,
el agua hierve,
estoy sentado en ninguna parte:
No hay pan
No hay azúcar
No hay té
No hay mantequilla
No hay azúcar
No hay té
No hay mantequilla
Se escuchan los gritos angustiados
convertidos en moscas
buscando salida por las ventanas.
Se golpea la puerta con rabia,
las grietas cruzan mi estomago,
dos lagrimas caen al mantel
desesperada mi sombra las chupa.
Alejo mis ojos del televisor
contorneados, grises, estancados,
todas estas personas ocupan
sus lugares en el circulo,
todas mis grietas se abren
desde el ombligo a la garganta,
pasa el avión, se acabaron las migas,
se conversa de sueños,
intentan sacarme los cerrojos:
Hijo tu puedes
¿Hermano que pasa?
¿Hermano que pasa?
La lucha no enseña a luchar,
le entrego los huesos, sera mejor,
suelto la carne en terrones,
la muerte tiene comida, sera mejor,
me invita a su living
tan agradable, blandos cojines
en donde quisiera descansar
de una vez, al fin.
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