Mary C. López
Una mujer de líneas y procesos.
Lucia.
Son las seis de la mañana
Se ha levantado Lucia,
Y no tiene pa tortillas;
hacia fuera ella camina,
con el pelo alborotado,
y aun lagañas pegadas
en sus ojos almendrados;
llega presurosa a la letrina,
son las seis de la mañana
pero en su cabeza ella vive
angustiada todo el día;
en principio no tiene pa tortillas;
ya dos horas han pasado,
la pobre de Lucía sigue pensando
con el rostro consternado,
descubrió que el café no es amargo,
cuando mezcla las tristezas
como las que esta masticando;
sentada bajo el limonero,
vio salir a su vecina Lola,
esposa del carnicero
ni el saludo le regala
menos un bistec por metro.
Lola lleva puesto
Un sombrero de ala corta
Y una estela de perfume
Con esencia de jazmines;
Lucia mira de Lola las ropas,
después ve su raído camisón
que se ha quedado sin color
de tanto lavarlo a diario;
al arranque del carro donde viaja Lola,
dos lagrimas ruedan en la faz de Lucia,
saladas como la salsa fría
que no ha podido tragar
por la falta de tortillas;
le duele la cabeza al pensar,
en un rato más sus crías despertaran,
que les ha de ofrecer,
lleva casi un mes sin trabajar
y las limosnas de ayer ya se acabaron,
solloza triste y voltea su mirada hacia atrás,
al límite de su solar, un despeñadero esta,
ya en su mente germina una idea maligna;
esta riqueza de pueblos modernos
tan mal repartida
trae consecuencias como esta,
muchas Lucias hay por el mundo,
que nadie las mira,
es el margen oscuro de una sociedad
con podredumbre y espinas
Mary C. López
*Reflexionando en un amanecer nublado
Son las seis de la mañana
Se ha levantado Lucia,
Y no tiene pa tortillas;
hacia fuera ella camina,
con el pelo alborotado,
y aun lagañas pegadas
en sus ojos almendrados;
llega presurosa a la letrina,
son las seis de la mañana
pero en su cabeza ella vive
angustiada todo el día;
en principio no tiene pa tortillas;
ya dos horas han pasado,
la pobre de Lucía sigue pensando
con el rostro consternado,
descubrió que el café no es amargo,
cuando mezcla las tristezas
como las que esta masticando;
sentada bajo el limonero,
vio salir a su vecina Lola,
esposa del carnicero
ni el saludo le regala
menos un bistec por metro.
Lola lleva puesto
Un sombrero de ala corta
Y una estela de perfume
Con esencia de jazmines;
Lucia mira de Lola las ropas,
después ve su raído camisón
que se ha quedado sin color
de tanto lavarlo a diario;
al arranque del carro donde viaja Lola,
dos lagrimas ruedan en la faz de Lucia,
saladas como la salsa fría
que no ha podido tragar
por la falta de tortillas;
le duele la cabeza al pensar,
en un rato más sus crías despertaran,
que les ha de ofrecer,
lleva casi un mes sin trabajar
y las limosnas de ayer ya se acabaron,
solloza triste y voltea su mirada hacia atrás,
al límite de su solar, un despeñadero esta,
ya en su mente germina una idea maligna;
esta riqueza de pueblos modernos
tan mal repartida
trae consecuencias como esta,
muchas Lucias hay por el mundo,
que nadie las mira,
es el margen oscuro de una sociedad
con podredumbre y espinas
Mary C. López
*Reflexionando en un amanecer nublado