DIEGO
Poeta adicto al portal
Las luciérnagas invaden el corredor nocturno como cada noche y titilan en una
danza interminable. En medio, tú. Con la felicidad dibujada entre los dientes.
Victoriosa como trigo que verdea. Apenas puedo resistir tu risa contagiosa que
invita a unirme al carnaval multicolor de la dama que ha tendido su manto
sobre nuestros corazones ansiosos del gozo otoñal.
Te engarzas en la mágica carrera que quieres ganarle a los insectos. Invitas a
que te alcance y finjo no poder hacerlo. Pero hombre al fin, amante
condenado a admirar tu belleza por siempre, alcanzo tu cintura y la aprieto
contra mí. Me dejas hacer. Agitada por la entusiasta carrera, me miras…
- ¿qué? – preguntas casi en un hilo de voz.
- que eres hermosa… –
Lanzas una carcajada al viento y como boomerang vuelve a mis oídos.
- ¿es gracioso?- pregunto.
- nooo…! –, respondes casi increpante.
- ¿entonces…? –
- ¿es que no te cansas de decir siempre lo mismo? -
- ¿te aburre?-
- no, sólo que no lo creo…-, vuelves a sonreír y bajas la mirada, teñidas las
mejillas de rubor. – ¡Sigamos corriendo! –
Reiniciamos el juego y no dejo de observarte, sé que en cualquier momento,
vendrá la pregunta acostumbrada.
De repente te paras, giras y llega como una bocanada de aire fresco… - ¿en
serio lo crees? –
Ahora la victoria es mía. Sonrío casi como una muesca y digo: - ¡claro!-
Otra risa ensordecedora y el beso agradecido que esconde una lágrima
emocionada.
- Gracias amor, me haces muy feliz. –, casi en un sollozo.
- No seas tonta, los sentimientos no se agradecen. –
Otra lágrima que asoma y las piernas veloces que huyen detrás una luciérnaga
llamada vergüenza.
Vuelvo a mirar el cielo que se robó las chispas de tu rostro y me repito: eres hermosa... sí que lo eres.
danza interminable. En medio, tú. Con la felicidad dibujada entre los dientes.
Victoriosa como trigo que verdea. Apenas puedo resistir tu risa contagiosa que
invita a unirme al carnaval multicolor de la dama que ha tendido su manto
sobre nuestros corazones ansiosos del gozo otoñal.
Te engarzas en la mágica carrera que quieres ganarle a los insectos. Invitas a
que te alcance y finjo no poder hacerlo. Pero hombre al fin, amante
condenado a admirar tu belleza por siempre, alcanzo tu cintura y la aprieto
contra mí. Me dejas hacer. Agitada por la entusiasta carrera, me miras…
- ¿qué? – preguntas casi en un hilo de voz.
- que eres hermosa… –
Lanzas una carcajada al viento y como boomerang vuelve a mis oídos.
- ¿es gracioso?- pregunto.
- nooo…! –, respondes casi increpante.
- ¿entonces…? –
- ¿es que no te cansas de decir siempre lo mismo? -
- ¿te aburre?-
- no, sólo que no lo creo…-, vuelves a sonreír y bajas la mirada, teñidas las
mejillas de rubor. – ¡Sigamos corriendo! –
Reiniciamos el juego y no dejo de observarte, sé que en cualquier momento,
vendrá la pregunta acostumbrada.
De repente te paras, giras y llega como una bocanada de aire fresco… - ¿en
serio lo crees? –
Ahora la victoria es mía. Sonrío casi como una muesca y digo: - ¡claro!-
Otra risa ensordecedora y el beso agradecido que esconde una lágrima
emocionada.
- Gracias amor, me haces muy feliz. –, casi en un sollozo.
- No seas tonta, los sentimientos no se agradecen. –
Otra lágrima que asoma y las piernas veloces que huyen detrás una luciérnaga
llamada vergüenza.
Vuelvo a mirar el cielo que se robó las chispas de tu rostro y me repito: eres hermosa... sí que lo eres.