Fulgencio Cibertraker
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mujer, para quien los cielos, crearon
Alguno de los retos e peligros
Que hoy solo centauros, Titanes, que digo
Se se atreven, se atrevieron, o atrevido.
Mujer de cuervo vestido
Mujer de pálido hueso
Linea de torcaz ceñida
Silueta de porte tieso.
Su mirada contumaz, felina
Mujer de cuerpo perfecto
Frente de arrugado seso
De mente atroz al escrutinio.
Lo que para nosotros es avaricia
Para ella es, amontonar
Lo que para nosotros es desidia
Para ella es, reposar
Lo que para nosotros es duro
Para ella amortiguado
Lo que para nosotros es castigo
Para ella es, delicioso
Lo que para nosotros es folgar
Para ella es, entretenido.
Lo que para nosotros es duro
Para ella, flacidez
Lo que para nosotros es pecado
Para ella es deseo amontonado
amortiguado y delicioso.
Esa mujer tiene todas las virtudes
Que el entendimiento proporciona.
Lo que en ella es hulmildad
Lo es de cierto desprecio
De un animal fiero pequeño
Al que se pudiera pisar.
Pero si se enfrentan en el bosque
Dos de esas fieras terribles
Esgrimen garras, zarpas y dientes
Ni humildad, ni bondad, si no ira.
Solo el respeto de una dentellada
Certera de su mandila, directa a la yugular.
Primero van de tanteo
Con ironía y sarcasmo
Las manos revierten en garras
El empeine convertido en pezuña
Los brazos en alas curvas
Los codos en espolones
Y las pezuñas dan coces.
Es fácil verlas al compás
Dar atrás las dos un paso
Percatarse y comprobar
Si arbolean tu cabeza
En el pico de su espada.
Se deleitan con tu sangre
Entre dientes y colmillos
Sacar la lengua y relamerse
siendo tú el carmín de labios.
Se dice que estará en los cielos
Quél diablo no la quiso
Visitando los infiernos
Dio con tanta controversia,
El mismo Belcebu, le dijo:
Dejad los infiernos tranquilos
Subid, quizá el señor del cielo
Tenga tamaña paciencia.
El día que parta Lucrecia
Lucifer organizara una convite.
Que aquí maldad nos sobra
Si completáis la mitad, la llena,
y el infierno a rebosar.
Y así dejara de hospedar
Animas de mala conciencia.
Rara fiera animal raposa
Expulsada tendréis que iros
para castigo de los hombres
Quiera Dios, Siquiera aguante..
Nadie jamas creyo pudiera portar
Tamaña maldad, si acaso de forma,
infernal, en tan pequeña testa.
El dia que Lucrecia marcho
Lucifer organizo una fiesta.
Maldita mujer, exclamo Lucifer
Nos ha dejado helados.
Habra que encender una hoguera
Para así calentarse las manos.
Del poema épico: <Lucrecia Mataplana y Rogers de Lancol de la casa ducal Folch de Cardona>
Alguno de los retos e peligros
Que hoy solo centauros, Titanes, que digo
Se se atreven, se atrevieron, o atrevido.
Mujer de cuervo vestido
Mujer de pálido hueso
Linea de torcaz ceñida
Silueta de porte tieso.
Su mirada contumaz, felina
Mujer de cuerpo perfecto
Frente de arrugado seso
De mente atroz al escrutinio.
Lo que para nosotros es avaricia
Para ella es, amontonar
Lo que para nosotros es desidia
Para ella es, reposar
Lo que para nosotros es duro
Para ella amortiguado
Lo que para nosotros es castigo
Para ella es, delicioso
Lo que para nosotros es folgar
Para ella es, entretenido.
Lo que para nosotros es duro
Para ella, flacidez
Lo que para nosotros es pecado
Para ella es deseo amontonado
amortiguado y delicioso.
Esa mujer tiene todas las virtudes
Que el entendimiento proporciona.
Lo que en ella es hulmildad
Lo es de cierto desprecio
De un animal fiero pequeño
Al que se pudiera pisar.
Pero si se enfrentan en el bosque
Dos de esas fieras terribles
Esgrimen garras, zarpas y dientes
Ni humildad, ni bondad, si no ira.
Solo el respeto de una dentellada
Certera de su mandila, directa a la yugular.
Primero van de tanteo
Con ironía y sarcasmo
Las manos revierten en garras
El empeine convertido en pezuña
Los brazos en alas curvas
Los codos en espolones
Y las pezuñas dan coces.
Es fácil verlas al compás
Dar atrás las dos un paso
Percatarse y comprobar
Si arbolean tu cabeza
En el pico de su espada.
Se deleitan con tu sangre
Entre dientes y colmillos
Sacar la lengua y relamerse
siendo tú el carmín de labios.
Se dice que estará en los cielos
Quél diablo no la quiso
Visitando los infiernos
Dio con tanta controversia,
El mismo Belcebu, le dijo:
Dejad los infiernos tranquilos
Subid, quizá el señor del cielo
Tenga tamaña paciencia.
El día que parta Lucrecia
Lucifer organizara una convite.
Que aquí maldad nos sobra
Si completáis la mitad, la llena,
y el infierno a rebosar.
Y así dejara de hospedar
Animas de mala conciencia.
Rara fiera animal raposa
Expulsada tendréis que iros
para castigo de los hombres
Quiera Dios, Siquiera aguante..
Nadie jamas creyo pudiera portar
Tamaña maldad, si acaso de forma,
infernal, en tan pequeña testa.
El dia que Lucrecia marcho
Lucifer organizo una fiesta.
Maldita mujer, exclamo Lucifer
Nos ha dejado helados.
Habra que encender una hoguera
Para así calentarse las manos.
Del poema épico: <Lucrecia Mataplana y Rogers de Lancol de la casa ducal Folch de Cardona>
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