Luis Gustavo

Armando Gómez

Poeta recién llegado
Su traje de ejecutivo sobre la mesa, historias pasadas repetidas como tormentas de un camino que se detiene por cada piedra que cae como punto de partida

Pedradas de un rato de nostalgia que parecen una eternidad

Sonrisas decaídas de futuros altruistas, y Luis Gustavo Fernández saluda al día como un ruiseñor sin canto

Toma su bus y escucha aquellas músicas clásicas, que envuelven cómo montaña rusa sentimientos que lamentablemente no se pueden mover, notas de un orgasmo cósmico que se rompen por una presa en carretera


La ley de atracción chocando con su imán de cansancio, repelen las deudas y los papeles a la par de las dudas aumentan sus cuentas

Y el hombre y el vacío con sus audífonos al fondo

Versos de un hombre que no escribe poesía, pero en sus lagañas el recuerdo de su novia que se fue, es Hemingway detallando el arcoiris y la tormenta que sigue



Y vuelve el hombre a mirar su reloj, los minutos aquellos como ráfagas de un memorándum de necesidad y responsabilidad fútil

El día empezó con lluvia de esas ligeras, afónicas brisas que hablan de querer que termine ese viernes

La noche presenta un bar de rock y quejas, de risas y aquel humor del que se acostumbra al loro del elevar plegarias de risas y furias

Dádivas de una chaqueta de cuero que presenta ya esas quemaduras de cigarro


De un rato de nostalgia, donde el coro del desamor propone un sábado de tareas y de buscar la noche con los amigos en la casa, junto las barajas de un whisky malo

Para el domingo quitarse el odio de la semana con el fútbol y sus adagios

El espejo del jugador que no centra bien, la rabieta contra el malaleche

Y la cara de niño con los goles al último minuto


Cara que se apaga el lunes

Luis Gustavo y su palabras sabias

Sus chistes vacíos, rellenados con el administrar esos muebles que no se venden solos

Y su adicción que ahora se muestra con la hastiada manera de transmitir apuro

El martes, día caluroso, y el jefe reclama su poco carisma, y el delega con entusiasmo mezquino a sus vendedores que el jefe anda inquieto

El miércoles, sale con una compañera a quien le saca la manipulación del cocainómano, con la burguesía de la posesión y la pobreza del desapegado

El jueves cae el remordimiento y el chisme le hace recordar lo meditador y genuino que fue

El viernes por la mañana le hace cambiar la música clásica por un audiolibro de alquimia antes de ir a la casa de su madre a quien dejó de ver algún tiempo

Para el sábado adoptar un gato después de ver el contacto de su distribuidor de cocaína…
 

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