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Ricardo Linares
Invitado
Un poema con dulzura y sutileza amiga,muy bien llevado, ha sido un placer leerlo Eva, besos.![]()
La luna está al acecho
y emboza en luz las sombras que gobierna
sempiterna
encima del sitial. En cada trecho,
repinta por derecho,
el llanto que el crepúsculo encuaderna
y al viento en sus andanzas le consterna,
dejándole desecho.
Anuda la lucerna en su guadaña
el silbo de los grillos.
Se ovillan al celaje sin entraña
como anillos
de plata que restaña,
las nubes que en el cielo son cuchillos.
La niña abraza el lecho
haciendo de las sábanas caverna,
cruel galerna
detrás del ventanal pueril y estrecho
que en miedo teje el pecho
menguando la esperanza que ora hiberna.
Y reza a su lucero, reina eterna
de aquel oscuro techo.
Se cose el alma en hilo de pestaña
y borda con ganchillos
la pena que le muestra con cizaña
sus colmillos...
Si los usa con maña,
¡serán de sus ensueños los ladrillos!