Bravo Coronado
Poeta recién llegado
-¿Hacia dónde vas lustrabotas?
tienes las manos sucias,
el cabello desgreñado;
una mujer a tus años
debe ser una mujer de verdad.
-Perdóneme usted joven,
soy vieja y sin destino,
a veces no tengo tino.
Pero de algo estoy segura:
moriré ungiendo pies.
-Veo que eres pobre,
¿no tienes otros ropajes?
¿algún adorno fino,
un detalle exclusivo,
en vez de ropones con suciedad?
-A veces me arreglo y nadie lo nota,
una pequeña flor en el cabello,
una linea aquí en la boca,
siempre y cuando no esté rota
cuando hace frío sin piedad.
-¿Pero es que acaso estás sola?
no compartes el lecho?
no compartes la aurora?
pareces una señora
que sueña en libertad.
(La mujer palidece y descubre su realidad.)
-¿Por qué me haces esto hijo?
si ahora soy pobre
es porque lo he querido así.
En las noches dormiré y soñaré,
más de día nadie preguntará, excepto tú,
cosas que no conozco de mí.
-El dolor se sobrelleva,
pero la esperanza le lleva ventaja.
La calle a veces es dura,
pero cada rincón donde puedo dormir
aún es una bendición;
hasta mis fracturas me recuerdan
las glorias de una juventud
dispuesta a morir día a día.
No hijo, no. Vete, lo di todo por ti.
-Adios madre,
hoy solo te doy las gracias.
Aún conservo estas botas,
más la humildad la perdí;
no sabes como extraño
el betún en tus manos,
tu espíritu lustroso
brilla en mi corazón.
-Adios madre,
cuando despiertes por la aurora
recuerda este sueño
solo como un recuerdo,
de este niño que ya murió.
tienes las manos sucias,
el cabello desgreñado;
una mujer a tus años
debe ser una mujer de verdad.
-Perdóneme usted joven,
soy vieja y sin destino,
a veces no tengo tino.
Pero de algo estoy segura:
moriré ungiendo pies.
-Veo que eres pobre,
¿no tienes otros ropajes?
¿algún adorno fino,
un detalle exclusivo,
en vez de ropones con suciedad?
-A veces me arreglo y nadie lo nota,
una pequeña flor en el cabello,
una linea aquí en la boca,
siempre y cuando no esté rota
cuando hace frío sin piedad.
-¿Pero es que acaso estás sola?
no compartes el lecho?
no compartes la aurora?
pareces una señora
que sueña en libertad.
(La mujer palidece y descubre su realidad.)
-¿Por qué me haces esto hijo?
si ahora soy pobre
es porque lo he querido así.
En las noches dormiré y soñaré,
más de día nadie preguntará, excepto tú,
cosas que no conozco de mí.
-El dolor se sobrelleva,
pero la esperanza le lleva ventaja.
La calle a veces es dura,
pero cada rincón donde puedo dormir
aún es una bendición;
hasta mis fracturas me recuerdan
las glorias de una juventud
dispuesta a morir día a día.
No hijo, no. Vete, lo di todo por ti.
-Adios madre,
hoy solo te doy las gracias.
Aún conservo estas botas,
más la humildad la perdí;
no sabes como extraño
el betún en tus manos,
tu espíritu lustroso
brilla en mi corazón.
-Adios madre,
cuando despiertes por la aurora
recuerda este sueño
solo como un recuerdo,
de este niño que ya murió.