Entró silenciosa,
se pego al suelo como una bella alfombra
y dio a mi alma una pequeña luz.
Me asome de refilón al comedor,
la descubrí blanca y luminosa,
alegro mi mañana
tan pequeña,
tan tenue,
me trae vida solo verla.
Tomó conciencia de su pequeñez
y de “su grandeza”.
Agradezco con solo mirarla
el día a mi Dios desconocido
y vuelvo a mirarla
para vigilar su movimiento
que invade mi casa.
En muchos momentos
trato de poner luz a mis horas,
corro las cortinas,
enciendo una velita en las tardes frías;
corto una flor
o canto una letanía
que se que me enciende el alma.
se pego al suelo como una bella alfombra
y dio a mi alma una pequeña luz.
Me asome de refilón al comedor,
la descubrí blanca y luminosa,
alegro mi mañana
tan pequeña,
tan tenue,
me trae vida solo verla.
Tomó conciencia de su pequeñez
y de “su grandeza”.
Agradezco con solo mirarla
el día a mi Dios desconocido
y vuelvo a mirarla
para vigilar su movimiento
que invade mi casa.
En muchos momentos
trato de poner luz a mis horas,
corro las cortinas,
enciendo una velita en las tardes frías;
corto una flor
o canto una letanía
que se que me enciende el alma.