Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Íbamos por el mismo camino pero tú no me veías,
tus ojos no los marcaban mis pasos
y no había alguien cerca
nadie que te dijera que iba detrás.
Yo soy la tormenta y tú la resaca.
Cortaste los cables con los que intenté atarte,
rompiste las nubes con las que intenté seguirte
y ya no había alguien que pudiera tocarte,
nadie que supiera lo que dejabas.
Yo soy el llanto y tú el lamento.
Yo te tocaba pero tú ya no sentías
una brisa que ni siquiera movía tus ropas,
un vago fragmento de recuerdo que no se retiene,
una historia que dejaste sin voz, nadie que quiera escucharla.
Yo soy la herida y tú eres la sangre.
Una luz matutina que sabe a noche,
un cuchillo sin filo que sirve para reconocerte.
Aquí ya no hay quien conozca mi rostro,
nadie que sepa de dónde vengo.
Yo soy el agua y tú el instinto.
Unos miran el cielo
yo miro tus manos,
y de ambos nace la lluvia
y en el mismo lugar el destino se pierde.
Yo soy la presa y tú eres la trampa.
Regalabas mis cartas al sol
y juntos las veían quemarse.
No había quien las guardara,
nadie que esperara por ellas.
Yo soy la pregunta tú eres la duda.
Nadie que busque,
no hay alguien que quiera ser encontrado.
Nadie quien llore
no hay alguien que merezca el honor del llanto.
Nadie con tiempo,
no hay alguien que lo mida contigo.
Yo era el camino y tú pasajera.
Última edición: