Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fenece lentamente muy tarde
la luz sobre la bruma en la aurora
el canto del ave se hace afable,
vibran las ventanas en mi alcoba.
El fulgor de la luna se asoma,
y el dosel con el viento se parte,
lágrimas caen inexplicables
formando unas siluetas amorfas.
Misterioso un silencio se expande
y mi cuerpo tendido en la alfombra,
languidece de nuevo en desaire
sin observar ni luces ni sombras.
Desolados caminos que forjan
soledad de una vida cobarde,
el destino queriendo formarse
se abre paso en los nuevos aromas.
Unas flores que crecen ansiosas
desafiando el invierno inquietante
la luz sobre la bruma se esparce
aclarando a su paso la aurora.
la luz sobre la bruma en la aurora
el canto del ave se hace afable,
vibran las ventanas en mi alcoba.
El fulgor de la luna se asoma,
y el dosel con el viento se parte,
lágrimas caen inexplicables
formando unas siluetas amorfas.
Misterioso un silencio se expande
y mi cuerpo tendido en la alfombra,
languidece de nuevo en desaire
sin observar ni luces ni sombras.
Desolados caminos que forjan
soledad de una vida cobarde,
el destino queriendo formarse
se abre paso en los nuevos aromas.
Unas flores que crecen ansiosas
desafiando el invierno inquietante
la luz sobre la bruma se esparce
aclarando a su paso la aurora.
