Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
Madre, déjame partir,
ahora, en la tarde pintada de tristeza.
Llena la maleta de mis fracasos,
entierra mi primer juguete
a un lado de mi primer canario.
Úngeme los ojos de adioses
y las manos de culpas.
Ruega por mí a ese dios
en el que nunca creí.
Pon una bala en mi arma
y guárdala junto al baúl de mis nostalgias.
Madre, déjame partir,
hoy, cuando la tarde sabe tan amarga.
Tengo que buscar el hueco de mi sepultura,
tengo que hundirme en pechos ajenos,
tengo que llorar lágrimas rotas,
tengo que penar ausencias inconclusas,
tengo que buscarme en otros nombres,
tengo que terminar lo que nunca inicie.
Madre, déjame partir,
es hora de que tejas mi mortaja
y arrojes al fuego mis fotografías,
que tras el perfume de la tarde
mis pasos sabré perder.
Madre, búscame en el ocaso,
que cada sol moribundo te hablara de mí,
oculto en la sombra de una estrella.
Entre constelaciones heladas
destrenzare mis tristezas
para hacer llover sobre toda alma
mi dolor en velos argentinos.
Madre, no me busques en tus recuerdos,
no me traces en rostros ajenos,
no dibujes mi silueta en ningún muro,
no escribas mi nombre sobre ninguna lapida.
Madre, déjame partir,
solo da la vuelta y retorna a tus nieblas,
entrégame al espanto del vacío,
donde la soledad se agita bajo el polvo
y los pies no siembran rumbos
porque en los ojos solo habitan
tumbas sin retorno.
ahora, en la tarde pintada de tristeza.
Llena la maleta de mis fracasos,
entierra mi primer juguete
a un lado de mi primer canario.
Úngeme los ojos de adioses
y las manos de culpas.
Ruega por mí a ese dios
en el que nunca creí.
Pon una bala en mi arma
y guárdala junto al baúl de mis nostalgias.
Madre, déjame partir,
hoy, cuando la tarde sabe tan amarga.
Tengo que buscar el hueco de mi sepultura,
tengo que hundirme en pechos ajenos,
tengo que llorar lágrimas rotas,
tengo que penar ausencias inconclusas,
tengo que buscarme en otros nombres,
tengo que terminar lo que nunca inicie.
Madre, déjame partir,
es hora de que tejas mi mortaja
y arrojes al fuego mis fotografías,
que tras el perfume de la tarde
mis pasos sabré perder.
Madre, búscame en el ocaso,
que cada sol moribundo te hablara de mí,
oculto en la sombra de una estrella.
Entre constelaciones heladas
destrenzare mis tristezas
para hacer llover sobre toda alma
mi dolor en velos argentinos.
Madre, no me busques en tus recuerdos,
no me traces en rostros ajenos,
no dibujes mi silueta en ningún muro,
no escribas mi nombre sobre ninguna lapida.
Madre, déjame partir,
solo da la vuelta y retorna a tus nieblas,
entrégame al espanto del vacío,
donde la soledad se agita bajo el polvo
y los pies no siembran rumbos
porque en los ojos solo habitan
tumbas sin retorno.