luvitin
Poeta adicto al portal
Madre,
qué inmensa eras para mi corazón de manos,
inalcanzables pechos de leche y miel,
dorado mohín arrullando al oído,
sueño dulce de la oscuridad sin miedo.
Madre,
complicidad sin tiempo ofrendabas,
silencios oscuros en amargas jornadas,
cuatro mil manos para lograrlo todo,
sudores y lágrimas a escondidas.
Madre,
carcajadas sonoras fugadas al viento,
cuando acariciaba la esquiva alegría,
monedas milagrosas estirando el hambre,
en la tempestad temible, eras sol de guía.
Madre,
tus manos huelen albahaca invitante,
a cocina y fuego, a panes de vida,
mate cocido con galletas duras,
manjar de penurias, tibio en esperanzas.
Madre,
del andar cansino rezongando sola,
es tu cuerpo sombra de aquella energía,
hebras de plata abrigan tus cabellos negros,
pero el mismo brillo en tus ojos de oro.
qué inmensa eras para mi corazón de manos,
inalcanzables pechos de leche y miel,
dorado mohín arrullando al oído,
sueño dulce de la oscuridad sin miedo.
Madre,
complicidad sin tiempo ofrendabas,
silencios oscuros en amargas jornadas,
cuatro mil manos para lograrlo todo,
sudores y lágrimas a escondidas.
Madre,
carcajadas sonoras fugadas al viento,
cuando acariciaba la esquiva alegría,
monedas milagrosas estirando el hambre,
en la tempestad temible, eras sol de guía.
Madre,
tus manos huelen albahaca invitante,
a cocina y fuego, a panes de vida,
mate cocido con galletas duras,
manjar de penurias, tibio en esperanzas.
Madre,
del andar cansino rezongando sola,
es tu cuerpo sombra de aquella energía,
hebras de plata abrigan tus cabellos negros,
pero el mismo brillo en tus ojos de oro.
Tito Visentín