José Dionicio Benaventa
Poeta recién llegado
MADRE
Madre,
Tu ternura sentí en nuestro primer encuentro,
aquel encuentro de sublime encanto,
de aquel encanto de nuestro encuentro.
Madre,
No has dejado de envolver en mis deseos
tu natural afecto.
Atado a ti permanezco desde tiempo indescifrable,
Eres la escultora que esculpió mi cuerpo,
construisteis con dulzura,
con la paciencia de los meses,
mis manos, mis sueños,
irrigaste mi corazón y lo hiciste a tu manera.
Madre,
Llevo tu herencia, tu sangre, tu amor,
soy una mínima parte de ti,
Te pertenezco en cuerpo y alma,
Te llevo conmigo, me llevas contigo,
Si el tiempo conspira en separarnos,
No lo dudes madre, estaremos juntos para siempre.
¿Que puedo pedirte, que puedo rogarte?
No tengo nada para ofrendarte
Ni la fragancia de un pétalo te ofrezco,
porque tu eres el jardín de las flores
ni siquiera bendecirte puedo,
porque bendita eres entre las mujeres.
Madre,
Solo vine a sentir tu regazo,
a besar tu lozana frente,
abrigarme en el calor de tus brazos
a escuchar tus sabios consejos,
a entender que estando contigo
estoy cerca de ti aunque este lejos.
Autor: José Dionicio Benaventa Mirabal
Madre,
Tu ternura sentí en nuestro primer encuentro,
aquel encuentro de sublime encanto,
de aquel encanto de nuestro encuentro.
Madre,
No has dejado de envolver en mis deseos
tu natural afecto.
Atado a ti permanezco desde tiempo indescifrable,
Eres la escultora que esculpió mi cuerpo,
construisteis con dulzura,
con la paciencia de los meses,
mis manos, mis sueños,
irrigaste mi corazón y lo hiciste a tu manera.
Madre,
Llevo tu herencia, tu sangre, tu amor,
soy una mínima parte de ti,
Te pertenezco en cuerpo y alma,
Te llevo conmigo, me llevas contigo,
Si el tiempo conspira en separarnos,
No lo dudes madre, estaremos juntos para siempre.
¿Que puedo pedirte, que puedo rogarte?
No tengo nada para ofrendarte
Ni la fragancia de un pétalo te ofrezco,
porque tu eres el jardín de las flores
ni siquiera bendecirte puedo,
porque bendita eres entre las mujeres.
Madre,
Solo vine a sentir tu regazo,
a besar tu lozana frente,
abrigarme en el calor de tus brazos
a escuchar tus sabios consejos,
a entender que estando contigo
estoy cerca de ti aunque este lejos.
Autor: José Dionicio Benaventa Mirabal