Vital
Poeta veterano en el portal
Tenía tan poco, que apenas me quedaban fuerzas para levantar la mirada.
Cabizbajo, me preparaba para recibir el amanecer junto al hambre que me atormentaba.
Tenía tanta hambre de amor, que apenas fuerzas para desear ser amado me quedaban.
Alguien pasó cerca de mí y sentí escalofríos, por su ausente mirada. Afligido comencé a devorar el alegre gorjeo de los gorriones que a mí alrededor rebuscaban migajas humanas.
Los tibios rayos matutinos comenzaron a envolverme plácidamente.
¡Al menos Dios me alimentaba un día más!
Mi piel agradecida como una pradera florida se iba perfumando de cálida sonrisa. También saboreé la suave brisa, que como la más fina mirada, se erigía en cordillera a su dulce caricia, como montañas que se alimentan de cielo…
En mi estado de complacencia, levitaba, con la música que traía mí mañana. Eran sutiles perfumes que a prisa sobre altos tacones caminaban…
¡Ahhhhh! Mis sentidos me decían en alta voz, la vida es alimento y no hay que desperdiciar ni una miga, ni por fuera, ni por dentro…
Animado mi espíritu con tan rico almuerzo de voces, y estruendos sobre ruedas, me dispuse a contemplar tal erupción humana, que como un río burbujeante de lava embravecida caminaba…
¡Nueva oportunidad de hacer callar los ruidos de la tormenta!
Miré al estuche negro que junto a mí reposaba aún en su noche callada. Y extraje mi propia alma.
Acariciando sus cuerdas, con los ojos abiertos al cielo de la magia, brotaron sus primeras lágrimas…
¡Ohhhh! Caras enmudecidas me contemplaban, pues oía su respirar asombrado al silenciar sus carreras. Pronto la nada que me rodeaba se conformó en un círculo humano, que a mi centro llenaron con atónitas miradas…
El violín seguía implorando en los oídos con la voz de los ángeles que en su corazón guardaba. Su voz musical se convertía en bella espiral de luz que en todos los cuerpos penetraba.
Al sobresalto cotidiano, que su pulso ralentizaba, en ambas orillas del mismo río, la música mantenía en único canal. Así unidas las almas, los motores se callan, y el tiempo se detiene, (o no) pero al menos ralentiza su marcha…
Notas musicales como bellas mariposas sobrevolaban con nostalgia cada corazón abierto en flor. Era el clímax perfecto. Las almas parecían estrellas titilando sobre un trozo de acera por cielo en esta vital mañana, que nos unía a la vida, por un cordón umbilical maravilloso como lo es compartir el momento presente…
El silencio de las gargantas era total. Solo el violín, como aguja mágica, cosía y bordaba los sentimientos con tan fina añoranza, que las fuentes se abrieron y brotaron sus lágrimas…
Se respiraba alegre paz, manteniendo el pulso en la ciudad en cada latir que libre se manifestaba de forma tan bella, desde un simple hecho: ¡Dejarse llevar! ¡Solo escuchar! Sí amando al escuchar y sintiéndose a la vez amado por las notas de la solidaridad…
Mágicos momentos en tibia mañana. Todo acontecía sin previo aviso. Todo fue agradable sorpresa para cada ser que su tiempo detuvo…
Tenuemente en el bello atardecer de tan luminosa melodía, la música se iba adormeciendo sobre el mar de miradas…
Suspiros y lágrimas, pañuelos de pestañas se agitaban para despedir tal prodigiosa puesta de sol.
Aunados los corazones en un profundo silencio. ¡Atónitos! Despertaron al unísono en acalorado aplauso…
La cajita negra de nuevo se cierra y el violín pudo seguir su bonito sueño:
¡Volver a despertar mañana a las almas, que dormidas caminan en su rutina de vida!
Moraleja:
Calla la música cuando sus fieras saca a pasear el ser humano.
Más si la música amanece ante su oído callan todos los ruidos.
Como desaparecen las sombras al amanecer de un: ¡TE AMO!
Así la mágica música actúa en nosotros calmando los sentidos…
Última edición: