MÁGICO AZAR
Querido amigo, si por casualidad alguna vez te encuentras con un duende, no pretendas poseer sus riquezas, ni tan siquiera interpretar sus secretos. −¡Hazte su amigo!−. Lo importante es que te narre alguna de sus mágicas historias. Ganar su amistad para que te enseñe. Esas fueron las dos premisas que yo siempre tuve presentes en mis pensamientos por si, en alguna ocasión, se produjese esa posibilidad de obtener el sueño y así alcanzar a conocer esa narración deseada.
Fue la providencia. Cierto día el encuentro se produjo. Paseando vi un hombrecillo que, no mayor que la mano, estaba canturreando mientras apasionadamente remendaba elegantes botas y zapatos para las hadas. Pensé que me asistió la fortuna…, estaba de suerte.
–¿Sería el anhelo deseado?– Me aproximé sigilosamente. Él sobresaltado replicó:
–¡Vaya, casi me matas del susto!−
Delicadamente y recobrando cierta serenidad me preguntó −¿Qué quieres de mi?− mientras se acomodaba entre mis dedos y me miraba con unos ojos que muy claramente pretendían conocer mis intenciones. Serenándole, le dije: −Realmente mi sinceridad no ambiciona ni tus riquezas y menos tus secretos, tan solo pretendo que me dejes participar de alguna de tus mágicas narraciones−.
El duende viéndose más confiado y con total cortesía me invitó a reposar en un bello campo de flores acolchadas, mientras me sugería que estuviera muy atento a sus descripciones…; en ese instante el comenzó a relatar:
−¡Ves ahora ese calmado mar irlandés¡–. –Plagado estaba de cantarinas sirenas. Una de ellas se enamoró de un joven pescador y todas las tardes acudía a verlo y le ofrecía sus detalles. La no correspondencia, por parte de él, resultó ser un suplicio que la sirena soportaba en silencio mientras sus tristes lágrimas empapaban la suavidad de sus bellos cabellos-.
−¡Imagínate!– En ese estado y pasado un tiempo, los cielos al fin quisieron actuar frente a tal sincero amor y convertir la graciosa forma marina para que aquella sirena fuese plasmada en esta arqueada expresión de madera que ahora tu acaricias.
−¿No me crees?– Bien. –Te diré que la tienes en tus manos para disfrutar de esos detalles tan serenos y que tu te deleites al apreciarla–.
−¡No te fías de mis palabras!– Compruébalo tu mismo –rasga cada una de las cuerdas, podrás sentir que una húmeda sonoridad es tan solo el acorde de aquel amor que entre lágrimas recorría su cabello y que ahora forman parte de las esencias musicales del arpa –.
−¡Has comprendido!− La solución es fácil.
–Cuando en alguna duda te encuentres, acaricia cada sentimiento propio y humedécelo entre los rincones del alma, entonces un agitado resorte te mecerá entre melodías de felicidad. Te sentirás como devorado por un instinto de plena satisfacción que musicalmente te arropa–.
Quede absorto frente a su enseñanza, señalaría que muy…, muy pensativo. Mientras el personajillo volvía a entonar su rítmica cancioncilla y retomaba la placentera tarea de seguir arreglando aquellos bellos zapatos de las hadas…
“Tic..., toc…
…Mano, otra mano, uno, dos.
Pierna, otra pierna, uno, dos,
cabeza, nariz, boca, barba,
dientes blancos en mi boca.
Mano, otra mano, uno, dos…
Tic…, toc…
Lámh, lámh eile, ceann, beirt.
Cos, cos eile, ceann, beirt,
ceann, srón, béal, féasóg,
fiacla bána i mo bhéal.
Lámh, lámh eile, ceann, beirt...”
(luzyabsenta)
…Mano, otra mano, uno, dos.
Pierna, otra pierna, uno, dos,
cabeza, nariz, boca, barba,
dientes blancos en mi boca.
Mano, otra mano, uno, dos…
Tic…, toc…
Lámh, lámh eile, ceann, beirt.
Cos, cos eile, ceann, beirt,
ceann, srón, béal, féasóg,
fiacla bána i mo bhéal.
Lámh, lámh eile, ceann, beirt...”
(luzyabsenta)
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