Cris Ryan
herida viviente del sino
Sombras verde-azul en su ambiente
presas en las manos del verano caliente;
el vientecillo abanica la brisa
mece con parsimonia la copa de la acacia.
Rezonga un trueno a lo lejos
me sobrecoge
detonante, sin duda, de lluvia.
Rojo magenta, rubor del deseo
lo siento a vuelo de pájaro
sin un amor con visos de eternidad.
Sendas blanqueadas de rocío al alba
por la empinada montaña
se desgranan
cantos de maitines
levantan vuelo elevándose por la cuesta.
Hacer ocio tiempo de seda azul
tantos quehaceres mucho entretienen
se deslizan como agua entre los dedos.
Uvas doradas en garras de metal
comida para un pico plateado;
los muertos buscan a los muertos
desde los primitivos albores del convento.
presas en las manos del verano caliente;
el vientecillo abanica la brisa
mece con parsimonia la copa de la acacia.
Rezonga un trueno a lo lejos
me sobrecoge
detonante, sin duda, de lluvia.
Rojo magenta, rubor del deseo
lo siento a vuelo de pájaro
sin un amor con visos de eternidad.
Sendas blanqueadas de rocío al alba
por la empinada montaña
se desgranan
cantos de maitines
levantan vuelo elevándose por la cuesta.
Hacer ocio tiempo de seda azul
tantos quehaceres mucho entretienen
se deslizan como agua entre los dedos.
Uvas doradas en garras de metal
comida para un pico plateado;
los muertos buscan a los muertos
desde los primitivos albores del convento.
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