charlie ía
tru váyolens
la vimos ardiendo
más atractiva
que cualquier mujer abierta de piernas
entre las páginas interiores
de una revista esperanzadora
todos los nacidos
durante la misma época
nos hicimos hombres y mujeres
bajo su influencia esperanzadora;
todos los nacidos
durante todas las épocas,
como esperando encontrar un rótulo de exit
indicando la caída de la noche.
pensando siempre
que al meter la mano
dentro del núcleo encendido
encontraríamos la llave de salida
hacia un lugar mejor.
algunos monstruos,
en su generosidad
deberían de habernos advertido
que las borracheras en el extranjero
serían una ventana
donde validar nuestra supuesta miseria.
una bien grande.
como la raja
de una modelo porno
sobre un pedazo de papel
que se rompe.
¿de verdad existe la ventana
tras aventar mil veces la piedra?
lo amenazadoramente brillante
sin embargo
es meter luego la mano
hasta el fondo del abismo
para girar la perilla con lentitud-
y encontrarla, a pesar de todo ello
acariciando las tortillas suaves
con las yemas de los dedos
al voltearlas
una a una
sobre el hierro caliente.
las recuesta, sin necesidad de resistir
la mañana que se rompe.