BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se duermen los niños
con profundidad de tumba.
Se duermen y son rosáceas,
las carnes que les
envuelven, como si tal cosa.
Las hogueras y las cenizas
acumulan un llanto por cada mejilla,
donde reinan la discordia y el mal estereotipo.
Se mueren los niños sobre un campo
de cemento.
Pinos, estrellas y bromas, dentro de la
capa del firmamento.
Mi hijo, valiente como el que más,
tuvo su nombre y su lápida, junto
a los que fracasaron, y yo,
desde entonces, firmo en las nubes,
con la sangre de mi pecho universo.
Universal visión de imágenes contrarias,
formas aprisionadas en el déficit de cada día,
constelaciones desprovistas de agua y de ceniza,
formaciones atesoradas repletas de nenúfares y agonía.
Formas opulentas de un siglo bastardo,
donde la caja del pobre, que hace música,
suena lejos de la casa del rico que pinta a brochazos
sus vajillas.
Rosa monumental con sabor a tierra:
desmembrados tus pistilos, tus estambres,
y tus pétalos disueltos por el aire, quién o quiénes
nombrarán a partir de ahora, las hojas de tu bálsamo?
Las farmacias son periscopios donde se inundan
los tálamos; las febriles masas que las visitan,
quieren conocer el corazón y no la aventura que suscita.
Me dijeron entonces que la luna era un rayo,
que yo creería muerto o mal utilizado.
Me dijeron que los ángeles morían
con tizones encendidos en los pelos.
Me dijeron rubio y ceniciento y hijo
de mala madre.
Yo les escupía y musitaba canciones
de mi abuela, nunca moría.
Murmurando razones matemáticas,
los pobres agonizan su agosto de esqueletos
y granos de naranja.
©
con profundidad de tumba.
Se duermen y son rosáceas,
las carnes que les
envuelven, como si tal cosa.
Las hogueras y las cenizas
acumulan un llanto por cada mejilla,
donde reinan la discordia y el mal estereotipo.
Se mueren los niños sobre un campo
de cemento.
Pinos, estrellas y bromas, dentro de la
capa del firmamento.
Mi hijo, valiente como el que más,
tuvo su nombre y su lápida, junto
a los que fracasaron, y yo,
desde entonces, firmo en las nubes,
con la sangre de mi pecho universo.
Universal visión de imágenes contrarias,
formas aprisionadas en el déficit de cada día,
constelaciones desprovistas de agua y de ceniza,
formaciones atesoradas repletas de nenúfares y agonía.
Formas opulentas de un siglo bastardo,
donde la caja del pobre, que hace música,
suena lejos de la casa del rico que pinta a brochazos
sus vajillas.
Rosa monumental con sabor a tierra:
desmembrados tus pistilos, tus estambres,
y tus pétalos disueltos por el aire, quién o quiénes
nombrarán a partir de ahora, las hojas de tu bálsamo?
Las farmacias son periscopios donde se inundan
los tálamos; las febriles masas que las visitan,
quieren conocer el corazón y no la aventura que suscita.
Me dijeron entonces que la luna era un rayo,
que yo creería muerto o mal utilizado.
Me dijeron que los ángeles morían
con tizones encendidos en los pelos.
Me dijeron rubio y ceniciento y hijo
de mala madre.
Yo les escupía y musitaba canciones
de mi abuela, nunca moría.
Murmurando razones matemáticas,
los pobres agonizan su agosto de esqueletos
y granos de naranja.
©