IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Caen las estrellas,
desde un tiempo lejano,
corrupto,
reverberando el odio de dios,
nos encontramos resguardados,
en el regazo
de nuestra primera y ultima madre,
se oscurece eso que teme la oscuridad,
vació confortable,
hedor de un hito indescifrable,
todo se pudre
entre las mareas de la penumbra,
a las orillas del lúgubre precipicio
descansa mortuoriamente nuestra sombra,
batiéndose en los umbrales de la duda,
no quisiera ella
acompañarme al olvido,
no hay destino mas despreciable,
creador mas repudiable,
y nos quedamos absortos
con la hermosura del suicidio,
sin poder discernir,
aun controlando la cálida corriente
que fluye abruptamente,
lo que se conocía como alma,
una carcaza que se quiebra
y se inunda de un rígido fragor,
nos quebramos como el tiempo,
asimilando toda finitud,
nos reencontramos,
somos muerte,
maldiciendo esta similitud.
desde un tiempo lejano,
corrupto,
reverberando el odio de dios,
nos encontramos resguardados,
en el regazo
de nuestra primera y ultima madre,
se oscurece eso que teme la oscuridad,
vació confortable,
hedor de un hito indescifrable,
todo se pudre
entre las mareas de la penumbra,
a las orillas del lúgubre precipicio
descansa mortuoriamente nuestra sombra,
batiéndose en los umbrales de la duda,
no quisiera ella
acompañarme al olvido,
no hay destino mas despreciable,
creador mas repudiable,
y nos quedamos absortos
con la hermosura del suicidio,
sin poder discernir,
aun controlando la cálida corriente
que fluye abruptamente,
lo que se conocía como alma,
una carcaza que se quiebra
y se inunda de un rígido fragor,
nos quebramos como el tiempo,
asimilando toda finitud,
nos reencontramos,
somos muerte,
maldiciendo esta similitud.