Maldición

Julius 12

Poeta que considera el portal su segunda casa
Yaciente intentó enmendar la maldición
que lo aquejaba, y como Dios es piedad
figurada no pudo evitar morder la manzana.
Pidió disculpas con espíritu doliente,
su alma nunca fue depravada,
pero para quien atraviesa cierta frontera,
nada se vuelve posible.
Buscó alivio en infinitas plegarias:
¡Si esas cadenas no atenazasen su cuerpo!
¡Si esas rejas no cercasen su rebelde calma!
¡Si los destellos de sangre no coagulasen el final!
¡Si la fatiga no asediase inciertamente!
¡Si la duda no promoviese la fiebre aposentada!
¡Si ninguna contrición lo despojara para siempre!
Tal vez el perdón fuese el bálsamo sin estrépito.

 
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