Rogelio Miranda
Poeta que considera el portal su segunda casa
21-10-2013 Maldita Mujer
¡Está bien! No derramaré más lágrimas por ti.
¡Se acabó! Hasta aquí llego con ésta farsa.
¡No más teatro! Mi papel de bueno se acabó,
desde ahora, seré el villano de la película.
Me duele por ellos, que no pidieron nacer,
- en ésta vida todo tiene un límite-,
y a mi el límite se me acabó.
Creiste que no me daría cuenta. Ahora carga tu cruz.
De ahora en adelante te excluyo de mi vida,
-si por tantos años me engañaste
y pisoteaste mi nombre sin piedad-
ahora poco me importa lo que sufras.
Por nuestra inmadurez el muy canalla,
sacó mejor provecho de mi ausencia,
lavándote el cerebro que yo no te quería,
y tú, caprichosa ingenua, accediste.
Los dos, no son más que una porquería,
quise matarlo el arma aun la tengo,
si no jalé del gatillo a lo último:
fue porque después de meditarlo,
encontré que más culpable fuiste tú que el.
Que no valía la pena ensangrentarme
por tu pecado que bien lo disfrutaste,
y pasar mis mejores años en cautiverio,
por la culpa de una miserable como tu.
Mientras que tú, como si nada agarrías otro,
- como en efecto lo has hecho-. ¡Sinverguenza!
¿Qué pensarán tus hijos interiormente?
Obviamente les dirás, que yo los abandoné.
No me interesa lo que pienses ahora .¿ Por qué no te ries ahora?
como cuando me clavaste el aguijón,
a mi, ya no me interesa tu suerte, en lo más mínimo,
sólo he venido a decirte que no quiero verte nunca más.
Autor. Rogelio Miranda
¡Está bien! No derramaré más lágrimas por ti.
¡Se acabó! Hasta aquí llego con ésta farsa.
¡No más teatro! Mi papel de bueno se acabó,
desde ahora, seré el villano de la película.
Me duele por ellos, que no pidieron nacer,
- en ésta vida todo tiene un límite-,
y a mi el límite se me acabó.
Creiste que no me daría cuenta. Ahora carga tu cruz.
De ahora en adelante te excluyo de mi vida,
-si por tantos años me engañaste
y pisoteaste mi nombre sin piedad-
ahora poco me importa lo que sufras.
Por nuestra inmadurez el muy canalla,
sacó mejor provecho de mi ausencia,
lavándote el cerebro que yo no te quería,
y tú, caprichosa ingenua, accediste.
Los dos, no son más que una porquería,
quise matarlo el arma aun la tengo,
si no jalé del gatillo a lo último:
fue porque después de meditarlo,
encontré que más culpable fuiste tú que el.
Que no valía la pena ensangrentarme
por tu pecado que bien lo disfrutaste,
y pasar mis mejores años en cautiverio,
por la culpa de una miserable como tu.
Mientras que tú, como si nada agarrías otro,
- como en efecto lo has hecho-. ¡Sinverguenza!
¿Qué pensarán tus hijos interiormente?
Obviamente les dirás, que yo los abandoné.
No me interesa lo que pienses ahora .¿ Por qué no te ries ahora?
como cuando me clavaste el aguijón,
a mi, ya no me interesa tu suerte, en lo más mínimo,
sólo he venido a decirte que no quiero verte nunca más.
Autor. Rogelio Miranda