Albertojjs
Poeta fiel al portal
Maldigo a mis manos por llegar antes que yo,
por sus ansias de evocar en ellas lo más hermoso,
y seguir el ejemplo de las nubes al devorar la luna.
Idiotas manos
que fueron hipnotizadas por su vaivén,
por querer atrapar el brillo
que mece con soltura su naturaleza bien ensanchada,
por anhelar el tesoro escondido
bajo un vestido de luciérnagas sin alas
abrazar el rocío primaveral de sus copas
y resbalar en los acantilados por donde fluye el agua
de una cascada cuando la acarician
y crece en sus venas la llama.
Porque yo
hubiera sido más prudente y educado
a la hora de rozar las tentadoras cúpulas
que empiezan a iluminar
donde acaba su cintura.
Le hubiera pedido permiso
para deshacernos del bosque brillante con el que se arropa
y recorrer el paraíso carnal que hay en su piel.
Y si no hubiera sucumbido a mis ruegos
hubiera buscado refugio en otras pieles, en otras playas,
empleando con elegancia el arte de la palabra,
con el respeto en mis ojos, el deseo en mi boca
y las manos en mis bolsillos.
Maldigo a mis manos por llegar antes que yo,
porque los dioses
ya no me dejan entrar en el templo de la noche.
por sus ansias de evocar en ellas lo más hermoso,
y seguir el ejemplo de las nubes al devorar la luna.
Idiotas manos
que fueron hipnotizadas por su vaivén,
por querer atrapar el brillo
que mece con soltura su naturaleza bien ensanchada,
por anhelar el tesoro escondido
bajo un vestido de luciérnagas sin alas
abrazar el rocío primaveral de sus copas
y resbalar en los acantilados por donde fluye el agua
de una cascada cuando la acarician
y crece en sus venas la llama.
Porque yo
hubiera sido más prudente y educado
a la hora de rozar las tentadoras cúpulas
que empiezan a iluminar
donde acaba su cintura.
Le hubiera pedido permiso
para deshacernos del bosque brillante con el que se arropa
y recorrer el paraíso carnal que hay en su piel.
Y si no hubiera sucumbido a mis ruegos
hubiera buscado refugio en otras pieles, en otras playas,
empleando con elegancia el arte de la palabra,
con el respeto en mis ojos, el deseo en mi boca
y las manos en mis bolsillos.
Maldigo a mis manos por llegar antes que yo,
porque los dioses
ya no me dejan entrar en el templo de la noche.
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