Pichontattoo
Poeta recién llegado
LOS MALDITOS
I
La incesante destrucción del tiempo
lastima nuestra egoísta desazón, ante la mirada
atónita de las cosas que no ven,
y las lagrimas de niños sin ojos, (como todos).
Somos esos esclavos del destino, que envidiamos,
que lamentamos, que adoramos, que reímos,
que incansablemente nos postramos a recibir
el ardor del amor, y lloramos por el.
Somos los mártires que huyen del reloj,
y fantasean con dormir, en noches en que mueren.
Somos los náufragos del mar de las derrotas,
los luchadores de mil batallas perdidas.
Somos los fénix que renacen de las cenizas,
y se odian por eso, anhelan morir y ya no sufrir.
II
Tan solo brisas, ya ni alientos nos acompañan
mientras caminamos por el áspero sendero.
las últimas lágrimas, vuelan por los cielos,
soñándose libres, sabiéndose condenadas.
Un paso, dos, mil, no importa cuanto tratemos,
siempre habremos perdido todo cuanto anhelábamos.
Nuestra condena es simple, vivimos escapando,
buscando el dulce veneno que nos libere.
Quizás estemos perdidos, ¿pero quien no?
I
La incesante destrucción del tiempo
lastima nuestra egoísta desazón, ante la mirada
atónita de las cosas que no ven,
y las lagrimas de niños sin ojos, (como todos).
Somos esos esclavos del destino, que envidiamos,
que lamentamos, que adoramos, que reímos,
que incansablemente nos postramos a recibir
el ardor del amor, y lloramos por el.
Somos los mártires que huyen del reloj,
y fantasean con dormir, en noches en que mueren.
Somos los náufragos del mar de las derrotas,
los luchadores de mil batallas perdidas.
Somos los fénix que renacen de las cenizas,
y se odian por eso, anhelan morir y ya no sufrir.
II
Tan solo brisas, ya ni alientos nos acompañan
mientras caminamos por el áspero sendero.
las últimas lágrimas, vuelan por los cielos,
soñándose libres, sabiéndose condenadas.
Un paso, dos, mil, no importa cuanto tratemos,
siempre habremos perdido todo cuanto anhelábamos.
Nuestra condena es simple, vivimos escapando,
buscando el dulce veneno que nos libere.
Quizás estemos perdidos, ¿pero quien no?