Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te amé como se ama lo que duele,
sin razones ni horarios,
como si la vida fuese un juego
y yo siempre apostara mi última ficha.
Fuiste tormenta en mis días de calma,
el relámpago que iluminó lo oscuro
solo para recordarme
que la luz, a veces, también quema.
Qué extraño es recordarte ahora,
como quien acaricia un vidrio roto,
sabiendo que la herida está ahí,
pero el roce, al menos, es tibio.
Fuiste un mal amor, no hay duda,
pero me regalaste un puñado de memorias
que, en noches de insomnio,
todavía me arrancan una sonrisa.
Como aquel beso robado en la lluvia,
que no sabía de promesas ni de tiempo,
o las risas que compartimos
sin pensar en el peso de los silencios.
No te extraño, no.
Pero hay algo de ti que vive en mí,
como la sal que deja el mar
en la piel de quien lo ha tocado.
Tal vez no todos los errores son inútiles,
tal vez las cicatrices tienen su propia belleza.
Y aunque tus manos me soltaron,
tu recuerdo sigue sosteniéndome.
Eras un mal amor, sí,
pero en tu caos encontré algo mío:
la certeza de que incluso lo que
lastima puede transformarse en poesía.
sin razones ni horarios,
como si la vida fuese un juego
y yo siempre apostara mi última ficha.
Fuiste tormenta en mis días de calma,
el relámpago que iluminó lo oscuro
solo para recordarme
que la luz, a veces, también quema.
Qué extraño es recordarte ahora,
como quien acaricia un vidrio roto,
sabiendo que la herida está ahí,
pero el roce, al menos, es tibio.
Fuiste un mal amor, no hay duda,
pero me regalaste un puñado de memorias
que, en noches de insomnio,
todavía me arrancan una sonrisa.
Como aquel beso robado en la lluvia,
que no sabía de promesas ni de tiempo,
o las risas que compartimos
sin pensar en el peso de los silencios.
No te extraño, no.
Pero hay algo de ti que vive en mí,
como la sal que deja el mar
en la piel de quien lo ha tocado.
Tal vez no todos los errores son inútiles,
tal vez las cicatrices tienen su propia belleza.
Y aunque tus manos me soltaron,
tu recuerdo sigue sosteniéndome.
Eras un mal amor, sí,
pero en tu caos encontré algo mío:
la certeza de que incluso lo que
lastima puede transformarse en poesía.