Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
La mañana está pálida
aún lleva un lienzo indeciso en la cara
tan callada y serena, extinta de alma
Un maquillaje sombrío es su envoltura
La hipotermia en su aliento marchita
los huertos de Bordeaux, los páramos
entristecidos por la melancolía y una
añoranza de estío y fulgor en los pezones de las vides
Los imprecatorios sauces guardan
silencio como velas apagadas
sin trinar de aves alegres en las ramas
sin los tambores del carpintero
Los murciélagos ya se han enterrado,
han vuelto a sus tumbas de vampiros
pero la mañana no despierta.
¿Habrá perdido su espíritu juagado a la ruleta con la noche?
¿Estará soñando invernales sueños?
Un lugubre semblante presagia lo peor, una sombra de muerte en sus gélidos labios con los que sopla penurias y desdeños de ser...
Ya los rescoldos de sol se han extinto sutiles
Las aves ya no aguantan más su indiferencia
y desesperadas se lanzan como navío que a falta del faro, intenta a ciegas llegar a puerto seguro
Desde esa noche tempestuosa, aún
supura su corazón quebrantos en el alma de cristal,
Agonizando van las nubes al olvido
socavadas llevan la esperanza de volver
Su abismal inercia resquebraja los silencios
y la tenue bruma se hace eco entre la
petrificada arboleda, y su verde oscuro musita sollozo a la muerte, como solloza la viuda frente a la tumba.
Jesús Soriano ©
Lexema
Mundo poesia
aún lleva un lienzo indeciso en la cara
tan callada y serena, extinta de alma
Un maquillaje sombrío es su envoltura
La hipotermia en su aliento marchita
los huertos de Bordeaux, los páramos
entristecidos por la melancolía y una
añoranza de estío y fulgor en los pezones de las vides
Los imprecatorios sauces guardan
silencio como velas apagadas
sin trinar de aves alegres en las ramas
sin los tambores del carpintero
Los murciélagos ya se han enterrado,
han vuelto a sus tumbas de vampiros
pero la mañana no despierta.
¿Habrá perdido su espíritu juagado a la ruleta con la noche?
¿Estará soñando invernales sueños?
Un lugubre semblante presagia lo peor, una sombra de muerte en sus gélidos labios con los que sopla penurias y desdeños de ser...
Ya los rescoldos de sol se han extinto sutiles
Las aves ya no aguantan más su indiferencia
y desesperadas se lanzan como navío que a falta del faro, intenta a ciegas llegar a puerto seguro
Desde esa noche tempestuosa, aún
supura su corazón quebrantos en el alma de cristal,
Agonizando van las nubes al olvido
socavadas llevan la esperanza de volver
Su abismal inercia resquebraja los silencios
y la tenue bruma se hace eco entre la
petrificada arboleda, y su verde oscuro musita sollozo a la muerte, como solloza la viuda frente a la tumba.
Jesús Soriano ©
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