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Manderley

NEFERURE

Poeta recién llegado


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Terror siento terror,
alguien me espía
mientras luces de velas
siembran volaces sombras en el salón.

Hoy es mi turno
para vigilar a los fantasmas
de la mansión,
porque nadie debe
entrar en Manderley,
los encrucijados pasillos
son un laberinto
que llevan a la locura.

Estoy esperando el frio
que anuncia
al fantasma de Fiona,
balbuceando
a mi alrededor
que un delator
traicionó su confianza,
buscando venganza.

Fiona la silenciosa,
sus ojos son cuencos vacios
que aterra mirar,
porque ella
aun busca al delator,
para castigarlo
con las auras negras
por las que esta maldita.

Pacto con el diablo
por un secreto oscuro,
era amante de otro hombre,
pues su malvado esposo
le arrebató el hijo
de su vientre
para dárselo a los otros
a cambio de dinero.
Luego la encerró
en un cuarto prisionera,
pero ella a escondidas
con su criada
busco la ayuda
de su verdadero amor,
hombre adinerado
que se convirtió
en su amante,
lujuriosas noches
en que Homero
estaba en otros duelos.

Fiona ha llegado,
aunque acostumbrada
en mi turno
aterrada, a que se quede
a mi lado.
Ha posado una mano
sobre mi hombro,
siempre me estremezco
por el odio
que en ella presiento,
un torbellino reseco
de recuerdos sangrientos.

Pienso quien
seria el delator
que traicionó su secreto.

Desesperada por
la venta de su hijo
a un matrimonio vecino,
sus mejores amigos
que le dieron
la muerte en vida,
porque la amiga,
mujer estéril
deseaba criar niños,
y no le dió Dios
el don de concebir
hijos.
Aurora era su nombre,
la mejor amiga de Fiona
por ser mansiones vecinas
en la misma colina.

Fiona, tapa mi boca
con un dedo,
te mató si hablas
de mi vida de otro tiempo.
Sus mandíbulas
son hueso añejo,
y los labios ni un aliento.

Obligada por su padre
a aceptar a un viejo
en matrimonio
rico y sin escrúpulos,
el malvado Homero,
que aun conservaba
en el pellejo
su atractivo joven y siniestro.

Castigado a vivir encerrado
como los demás
en esta mansión de duelo.
Si aparece veo su putrefacto
corazón, corroido
por el castigo
de perpetuar
el asesinato de Fiona
a manos propias,
estrangulando
su cuello,
por matar a puñaladas
al hombre que en su cama
visitaba a su esposa.

No queria descendientes,
solo lograr la gloria
de ser el último en su linaje.
Manderley maldito.
Su fantasma son colgajos
de carne que formaba su cuerpo.
Carnicero al que nunca he visto,
ni quiero,
pues dicen mis cólegas
de la orden clándestina
que vigilamos en la noche
este infierno,
que arrastra un puñal afilado
por los suelos.
Maldito Manderley.

Fiona filtra su odio
en mi persona,
y me siento ella
viviendo en otro siglo.
Es una advertencia.

Siento calor extremo
cuando al diablo veo
taimado por la maldición
que se impuso a la mansión.
Lucifer te lee el pensamiento,
abierta su boca como una grieta
como una caverna del submundo.

Estamos todos presos
de la madición del Lucifer,
los fantasmas que abandonó
y los obligados compañeros
que como yo
vigilan para que nadie
sepa donde vive en realidad
el diablo.

Cobijo su infierno
entre estos muros
por siempre eternos.

Fiona acrecienta su odio
y creó que el corazón
me va lento...
tic tac, tic tac..
De repente aparece Homero,
vagando entre paredes
como ella.

Falta uno, el amante puerto,
chirrian como metal
sus pasos cuando
en el sálon lo siento.

Todos me miran,
esto es una pesadilla
pienso yo
sin creerme que los veo.
Pero están ahi
y los vigiló.
No les importan los centinelas
que cada noche nos turnamos.
Mandeley maldito,
otra noche de miedo
vigilando sus movimientos.

A veces pienso
cuando estoy con ellos,
si están tan repletos de odio
en su dimensión,
infierno espejo,
si no tendrán
el poder de
arrastrarme con ellos.








 

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