Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Manierismo
La garganta la tengo al rojo vivo
y la voz es azul del cielo greco,
cuando mi grito le habla del olivo
al que de aceite está viviendo seco.
Me despedí con grande resoplido,
una advertencia más de mi rencor;
si le dolió por ser mi grito herido,
más me doliera a mí su mal calor.
Los que se ofenden tanto han de pensar,
que no es la ofensa el mal a la persona,
y que ésta no se debe de enfadar,
sino que causa es cómo el mal sazona,
al arreglar el mal que se perdona
ya no tendrá perdón que perdonar.
La garganta la tengo al rojo vivo
y la voz es azul del cielo greco,
cuando mi grito le habla del olivo
al que de aceite está viviendo seco.
Me despedí con grande resoplido,
una advertencia más de mi rencor;
si le dolió por ser mi grito herido,
más me doliera a mí su mal calor.
Los que se ofenden tanto han de pensar,
que no es la ofensa el mal a la persona,
y que ésta no se debe de enfadar,
sino que causa es cómo el mal sazona,
al arreglar el mal que se perdona
ya no tendrá perdón que perdonar.