HEREJÍA POÉTICA
Poeta recién llegado
Nuestro amor y desprecio por el lenguaje nos han hecho conscientes de la perversión infame a la que nos encontramos sometidos, gracias al poder atribuido por otros a sus formas. Es así que hemos decidido salir en la búsqueda más vulgar de una abyección mucho más extrema, totalmente reprochable, o como quieran ustedes imaginarlo
, pero lo suficiente como para alimentar nuestros fervorosos deseos
Las entrañas despojadas de mil gobernantes serán las guirnaldas que adornaran esta orgía de ideas descabelladas Lanzaremos el grito primal y habiéndonos despojado de las máscaras, nos hundiremos sin escrúpulos en la viscosidad del cadáver descompuesto. Hablaremos la jerga del delincuente, pero no precisamente la del de cuello blanco, sino la del más rastrero ante la ley, puesto que cada uno de sus crímenes sin importar qué tan viles hayan podido ser a través del acto alquímico de la poesía, se transformarán en milagros dadivosos que lo elevarán a la condición de beato, o por qué no, más adelante, en santo.
Nos sentiríamos complacidos en vagar eternamente por las estepas ensangrentadas del paleolítico, bajo la sombra omnipresente de nuestro único y amado dios: El Caos. No pudiendo regresar en el tiempo, en un acto que podría parecer de total nostalgia, nos complaceremos con sembrarlo aquí y allá: tal vez, insospechadamente, broten como lo hace el hongo que crece de la mierda, frutos equiparables al manjar de los dioses, y en los que a lo mejor se encuentre la cura contra esa enfermedad llamada ideología.
Somos los reclusos amotinados de la celda-realidad que eyaculan el veneno de su hastío sobre una arrugada y amarillenta hoja de papel. Pero no nos engañemos al pensar que esto podría ser el producto de un acto voyerista de masturbación. ¡NO!, complazcámonos con vislumbrarlo de la mano del asesinato, la rapiña o la violación.
Habrá quienes consideren que lo que hacemos es solo una expresión sombría, decadente o resentida, ¡cuán alejados de la verdad se encuentran! Nos gusta llevar siempre con nosotros el optimismo de cualquier buen político cuando se acerca el periodo electoral: ¡esperamos comprar muchos votos! No tememos caer en la contradicción, pues creemos que es una expresión refinada de la sensatez. Saqueadores impasibles de la moral, nos gusta merodear bien de cerca el himen gangrenoso del pudor. Nuestro orgullo se compone de pedazos dispersos de lo que para otros sería un horror fragmentado por la vileza de cada acto sucesivo, sin embargo, aunque no lo pareciese, nos mueve el ideal supremo de la liberación mental.
Sabiendo todo lo poco que nos importa no saber nada, hemos creado nuestro propio repertorio de ataques e improperios, los cuales serán proyectados sobre una pantalla puesta siempre del revés; nuestro único fin es poder figurarnos la realidad de una forma más precisa, es decir, como se nos venga en gana Romperemos con cuanta concatenación de ideas mentales, que pudieran ejercer resistencia en contra del influjo de nuestra publicidad difamatoria, nos tropecemos.
Cansados de ser los espectadores de la gran frecuencia fantasmal, nos hemos rascado los ojos hasta dejarlos en llagas. Conscientes del periodo clave en la historia por el que atravesamos, emprenderemos una travesía por encontrar los equivalentes simbólicos de la antimateria en las palabras, pues nos fascina la capacidad de aniquilar la materia en estado puro, pero al mismo tiempo la posibilidad de no anularla por completo, sino tal vez de transformarla radicalmente.
A través de la creación de imágenes mentales, propiciaremos una nueva clase de destrucción simbólica: una cuyo único fin en sí mismo será el de derrocar la tiranía absoluta de la ensoñación espectacular mediática: fuente de un deseo artificial insaciable que acaba por devorarse a sí mismo ad infinitum, oprimiendo al individuo con la sutileza de una metástasis cerebral que se expande por todo el cuerpo de forma asintomática; ¡la evitaremos a toda costa!
Prescindiremos de todo tipo de artefactos, ya sea políticos o intelectuales, la nuestra será la voz susurrante de la inconsciencia meditabunda Llevaremos nuestro viaje inverosímil hasta los confines de la memoria, las consecuencias se asumirán por sí solas, muchos no podrán ni siquiera inmutarse, cosa que nos tiene sin cuidado Deberán de saber que buscamos la misma clase de anonimato que quien deja garabateado su nombre en las paredes mohosas de cualquier baño público.
Partiremos en la incesante búsqueda de nuevos alimentos que no sean las vallas publicitarias en estado de descomposición Sabemos perfectamente que la inanición se encuentra a la vuelta de la esquina, pero en lo que respecta a nosotros, nos nutriremos del plagio y la suplantación.
Lo nuestro será una sublevación escalonada en contra de la oferta y la demanda de almas; repartiremos cheques sin fondo y entradas sin salida para el aquelarre de destrucción de todos nuestros conceptos previos De esta forma nos erigiremos como los únicos héroes de nuestro propio teatro del absurdo No estamos seguros de cuáles serán los resultados, aún así creemos que valdrá la pena lanzarnos a la deriva de nuevos y peligrosos encuentros.
Las entrañas despojadas de mil gobernantes serán las guirnaldas que adornaran esta orgía de ideas descabelladas Lanzaremos el grito primal y habiéndonos despojado de las máscaras, nos hundiremos sin escrúpulos en la viscosidad del cadáver descompuesto. Hablaremos la jerga del delincuente, pero no precisamente la del de cuello blanco, sino la del más rastrero ante la ley, puesto que cada uno de sus crímenes sin importar qué tan viles hayan podido ser a través del acto alquímico de la poesía, se transformarán en milagros dadivosos que lo elevarán a la condición de beato, o por qué no, más adelante, en santo.
Nos sentiríamos complacidos en vagar eternamente por las estepas ensangrentadas del paleolítico, bajo la sombra omnipresente de nuestro único y amado dios: El Caos. No pudiendo regresar en el tiempo, en un acto que podría parecer de total nostalgia, nos complaceremos con sembrarlo aquí y allá: tal vez, insospechadamente, broten como lo hace el hongo que crece de la mierda, frutos equiparables al manjar de los dioses, y en los que a lo mejor se encuentre la cura contra esa enfermedad llamada ideología.
Somos los reclusos amotinados de la celda-realidad que eyaculan el veneno de su hastío sobre una arrugada y amarillenta hoja de papel. Pero no nos engañemos al pensar que esto podría ser el producto de un acto voyerista de masturbación. ¡NO!, complazcámonos con vislumbrarlo de la mano del asesinato, la rapiña o la violación.
Habrá quienes consideren que lo que hacemos es solo una expresión sombría, decadente o resentida, ¡cuán alejados de la verdad se encuentran! Nos gusta llevar siempre con nosotros el optimismo de cualquier buen político cuando se acerca el periodo electoral: ¡esperamos comprar muchos votos! No tememos caer en la contradicción, pues creemos que es una expresión refinada de la sensatez. Saqueadores impasibles de la moral, nos gusta merodear bien de cerca el himen gangrenoso del pudor. Nuestro orgullo se compone de pedazos dispersos de lo que para otros sería un horror fragmentado por la vileza de cada acto sucesivo, sin embargo, aunque no lo pareciese, nos mueve el ideal supremo de la liberación mental.
Sabiendo todo lo poco que nos importa no saber nada, hemos creado nuestro propio repertorio de ataques e improperios, los cuales serán proyectados sobre una pantalla puesta siempre del revés; nuestro único fin es poder figurarnos la realidad de una forma más precisa, es decir, como se nos venga en gana Romperemos con cuanta concatenación de ideas mentales, que pudieran ejercer resistencia en contra del influjo de nuestra publicidad difamatoria, nos tropecemos.
Cansados de ser los espectadores de la gran frecuencia fantasmal, nos hemos rascado los ojos hasta dejarlos en llagas. Conscientes del periodo clave en la historia por el que atravesamos, emprenderemos una travesía por encontrar los equivalentes simbólicos de la antimateria en las palabras, pues nos fascina la capacidad de aniquilar la materia en estado puro, pero al mismo tiempo la posibilidad de no anularla por completo, sino tal vez de transformarla radicalmente.
A través de la creación de imágenes mentales, propiciaremos una nueva clase de destrucción simbólica: una cuyo único fin en sí mismo será el de derrocar la tiranía absoluta de la ensoñación espectacular mediática: fuente de un deseo artificial insaciable que acaba por devorarse a sí mismo ad infinitum, oprimiendo al individuo con la sutileza de una metástasis cerebral que se expande por todo el cuerpo de forma asintomática; ¡la evitaremos a toda costa!
Prescindiremos de todo tipo de artefactos, ya sea políticos o intelectuales, la nuestra será la voz susurrante de la inconsciencia meditabunda Llevaremos nuestro viaje inverosímil hasta los confines de la memoria, las consecuencias se asumirán por sí solas, muchos no podrán ni siquiera inmutarse, cosa que nos tiene sin cuidado Deberán de saber que buscamos la misma clase de anonimato que quien deja garabateado su nombre en las paredes mohosas de cualquier baño público.
Partiremos en la incesante búsqueda de nuevos alimentos que no sean las vallas publicitarias en estado de descomposición Sabemos perfectamente que la inanición se encuentra a la vuelta de la esquina, pero en lo que respecta a nosotros, nos nutriremos del plagio y la suplantación.
Lo nuestro será una sublevación escalonada en contra de la oferta y la demanda de almas; repartiremos cheques sin fondo y entradas sin salida para el aquelarre de destrucción de todos nuestros conceptos previos De esta forma nos erigiremos como los únicos héroes de nuestro propio teatro del absurdo No estamos seguros de cuáles serán los resultados, aún así creemos que valdrá la pena lanzarnos a la deriva de nuevos y peligrosos encuentros.
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