Évano
Libre, sin dioses.
El teclado del ordenador unía América del Sur con África en un mapa mundi situado como protector de una mesa de madera. Los unía como antaño, cuando la Tierra era un sólo continente, Pangea. Pero este mapa era para vomitar. Con un rápido vistazo, alguien que entendiera lo más mínimo de geografía observaba la manipulación que las grandes potencias dictan en este planeta.
Lo que no entiendo todavía es cómo alguien como yo, instruido y sabedor de los tamaños de los diferentes países y continentes, había adquirido semejante engaño, y más en una cadena de supermercados, en una multinacional. Quizás me estaba dejando llevar, dejando de resistir, y eso me preocupaba.
Ahí estaba Groenlandia, tan grande como África y mucho más que Sudamérica, siendo en la realidad quince veces más pequeño, así, a ojo.
¿Por qué?
¿Porqué los países escandinavos eran mayores que Francia, España o Alemania, Grecia o Italia. ¿Por qué el Reino Unido tan grande o más que ellos, cuando en kilómetros cuadrados se aproximaba a Portugal, por ejemplo?
¿Por qué la civilización occidental tan arriba, trazando una línea errónea que dividía al tercer mundo del primero, exceptuando el continente Australiano?
Debería haber más seriedad en estas cosas, pero estoy convencido que obran con consciencia, para ensalzar el ego de unos países indudablemente más pobres en materias primas y riquezas naturales y, por descontado, mucho más pequeños que la mayoría de los del tercer mundo.
Si ya nos engañan tan evidentemente con medidas tan comprobables, ¿qué no harán?
Simplemente por esto ya se debe desconfiar de lo que llaman el primer mundo, porque demuestra vanidad, orgullo, egoísmo, falsedad, manipulación, xenofobia... Sí, xenofobia, por no querer estar en el hemisferio sur cuando en realidad perteneces a ese hemisferio.
Fui a buscar unas tijeras y troceé el mapa mundi manipulado y lo arrojé a la basura.
El teclado quedó sobre la madera de la mesa, otorgando a las escritura un sabor de árbol y no de plástico, y en la esquina derecha, coloqué una esfera de la Tierra, copia de una de hace casi quinientos años, y le di vueltas. Las costas y las formas de países y continentes y los mares no eran de escala exacta y parecían deformados, pero los países y continentes, al igual que los polos eran a escala proporcionada con la realidad de unos con los otros, dividiendo su eje ecuatorial perfectamente a los hemisferios, poniendo a cada uno en su sitio.
Luego pensé que quizás al salir del medievo la humanidad empezó a perderse en ella misma, porque una mentira lleva a otra y a otra y a otra... Hasta que ya no sabes ni cuál es la realidad.
El Renacimiento es sin duda alguna la mejor época de la Humanidad, pero como siempre los imbéciles acabaron por ponerse al timón, y ya se sabe que de los imbéciles y ansiosos de poder, que sólo se preocupan por crear imperios, no sale nunca nada bueno.
Parece una tontería, me dije, y luego me respondí que no, que la tontería es dejar que te engañen. Por lo tanto hice bien en no querer lo que no es verdad.
Lo que no entiendo todavía es cómo alguien como yo, instruido y sabedor de los tamaños de los diferentes países y continentes, había adquirido semejante engaño, y más en una cadena de supermercados, en una multinacional. Quizás me estaba dejando llevar, dejando de resistir, y eso me preocupaba.
Ahí estaba Groenlandia, tan grande como África y mucho más que Sudamérica, siendo en la realidad quince veces más pequeño, así, a ojo.
¿Por qué?
¿Porqué los países escandinavos eran mayores que Francia, España o Alemania, Grecia o Italia. ¿Por qué el Reino Unido tan grande o más que ellos, cuando en kilómetros cuadrados se aproximaba a Portugal, por ejemplo?
¿Por qué la civilización occidental tan arriba, trazando una línea errónea que dividía al tercer mundo del primero, exceptuando el continente Australiano?
Debería haber más seriedad en estas cosas, pero estoy convencido que obran con consciencia, para ensalzar el ego de unos países indudablemente más pobres en materias primas y riquezas naturales y, por descontado, mucho más pequeños que la mayoría de los del tercer mundo.
Si ya nos engañan tan evidentemente con medidas tan comprobables, ¿qué no harán?
Simplemente por esto ya se debe desconfiar de lo que llaman el primer mundo, porque demuestra vanidad, orgullo, egoísmo, falsedad, manipulación, xenofobia... Sí, xenofobia, por no querer estar en el hemisferio sur cuando en realidad perteneces a ese hemisferio.
Fui a buscar unas tijeras y troceé el mapa mundi manipulado y lo arrojé a la basura.
El teclado quedó sobre la madera de la mesa, otorgando a las escritura un sabor de árbol y no de plástico, y en la esquina derecha, coloqué una esfera de la Tierra, copia de una de hace casi quinientos años, y le di vueltas. Las costas y las formas de países y continentes y los mares no eran de escala exacta y parecían deformados, pero los países y continentes, al igual que los polos eran a escala proporcionada con la realidad de unos con los otros, dividiendo su eje ecuatorial perfectamente a los hemisferios, poniendo a cada uno en su sitio.
Luego pensé que quizás al salir del medievo la humanidad empezó a perderse en ella misma, porque una mentira lleva a otra y a otra y a otra... Hasta que ya no sabes ni cuál es la realidad.
El Renacimiento es sin duda alguna la mejor época de la Humanidad, pero como siempre los imbéciles acabaron por ponerse al timón, y ya se sabe que de los imbéciles y ansiosos de poder, que sólo se preocupan por crear imperios, no sale nunca nada bueno.
Parece una tontería, me dije, y luego me respondí que no, que la tontería es dejar que te engañen. Por lo tanto hice bien en no querer lo que no es verdad.
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