Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Manos vestidas de piedra
con suplicas mudas y frías.
Manos atadas en el tiempo,
reloj sin minutero , sin pulso,
sin memoria, sin vida.
Más allá del goteo de la existencia.
de espalda a la esperanza.
Con el alma cosida en la liturgia
donde los ritos y los rezos
en perpetua oración
se desposa con el olvido,
en perdurables noches.
Manos desterradas de caricias
en eterno crepúsculos.
Donde el silencio y el abandono
las acompañan, sin que llegue…
Ese amen, final
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