luna isabella
Poeta recién llegado
Manos de voces calladas,
envejeciendo con la obstinidad
del azote que provee pan,
unas nacen y otras van,
agonizando en la inmovilidad
de sus fuerzas explotadas.
Manos negras de carbón
tristes, prietas y agrietadas
tejen acomodado enjambre
tus manos esclavas del hambre
fragiles cayosas y cansadas
pero siempre al pie del patrón
Cae la noche encendida
escoltando tu techo indigente
el miedo sella tus quejidos,
duerme tu mente dormida
el sueno se vuelve corriete
en los terribles dias vividos.
Levanta diario tu simiente
y ciñe sus lomos erguidos.
Que el sol aniquilante de tusa
calcine como a ti, sus huesos
que sus fortalecidas manos
germinen con sudor estos llanos
por unos miseros pesos
que produzcan sin excusa.
pon atadura a sus calcañales,
que solo pisen tus huellas
no sea que vean otras señales
y bajen el yugo de tus querellas.
envejeciendo con la obstinidad
del azote que provee pan,
unas nacen y otras van,
agonizando en la inmovilidad
de sus fuerzas explotadas.
Manos negras de carbón
tristes, prietas y agrietadas
tejen acomodado enjambre
tus manos esclavas del hambre
fragiles cayosas y cansadas
pero siempre al pie del patrón
Cae la noche encendida
escoltando tu techo indigente
el miedo sella tus quejidos,
duerme tu mente dormida
el sueno se vuelve corriete
en los terribles dias vividos.
Levanta diario tu simiente
y ciñe sus lomos erguidos.
Que el sol aniquilante de tusa
calcine como a ti, sus huesos
que sus fortalecidas manos
germinen con sudor estos llanos
por unos miseros pesos
que produzcan sin excusa.
pon atadura a sus calcañales,
que solo pisen tus huellas
no sea que vean otras señales
y bajen el yugo de tus querellas.
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