David Bernal
Poeta recién llegado
Manos que se estrechan, luchan y se entrelazan
Cálidas como el abrazo de una madre
Suaves, ásperas como la lija
Lisas, o arrugadas como chicharrones
Cubren sonrisas o sorpresa inesperada
O empuñan armas para quitar la vida
Manos que entretejen, que bordan, que cosen, que muelen
Recogiendo verde oliva, o amarillo de trigo
Doloridas por el hielo, humedad
El salitre cortandolas como cuchillos
Entre los brillos del mar, tesoros de plata
Manos que mienten carteristas, con anillos
Rápidas, como centellas arrojadas por Zeus
Invisibles, almas condenadas y en pena
Confiadas, firmes y seguras
Resbaladizas, blandas y sudadas
Cubiertas de sangre, amarillas de humo
Negras de trabajo, suciedad o muerte
Cuidadas por cremas, guantes aristócratas
Quebradas por el campo, de azada y mala hierba
Perfumadas de esencias, de aceites y amores
Manchadas de vino, o el verde de las flores
Hablame con tus manos, antes que me muera
Estrangúlame antes de llegar al climax
Aráñame la espalda leyendo mis lunares
O metelas tan dentro de tu cuerpo como puedas
Manos apasionadas, inocentes, temerosas
Violentas, y airadas de soberanía
Inútiles, como los sollozos
Hábiles como maquinería
Frágiles, blancas de porcelana
Hoscas y callosas de empuñar la pala
Manos dormidas y en coma
Frías, como el alma de quien no se quiere
Manos que acunan, que peinan
Construyendo el futuro son manos que reinan
Ahogando los gritos, conteniendo rabia
Apretando hasta blanquear nudillos
Sujetando al amigo en su afrenta
O convirtiendo al tiro la botella en arma
Pintame al óleo o al agua
Calmame en sonora bofetada necesaria
Saben más las manos que las mentes
Que las mueven, intentando pararlas
Manos bellas, de modelo, de revista
Otras casi zarpas, que parecen arañas
Manos alquimistas, de princesa
Mezclando las pociones del caldero
Quemándose con el fuego
Temblando de odio, de enfermedad o miedo
Nudosas como los robles, centenarios
En sus tocones guardan nidos de cuervo
No conocen horarios, leyes ni calendarios
Manos de progenitores, dejándose la piel a diario
Secando el sudor de la frente
Bajo el sol ardiente del verano
Bronceadas, rubio el vello, vacaciones
Palpitantes coloradas deportistas
Manos de cazadores
Mecánicos y artistas
Sobre el piano melodías, gitanas
Sobre cuerdas y cajones
Cubanas sobre la cintura
Dominando el movimiento de tacones
Cansadas esgrimiendo una pluma
Para cosquillear los corazones
Manos de curandero
De mago, de ciego
De mono, de sacrílego cura pecando
Algunas hay que cortarlas
Sucias manos de cerdo
Suturando las heridas
Salvando de alcanzar el cielo, o el infierno
Eso lo veremos luego
Acariciando la nuca
O templando el acero
Vidrio madera o cuero
Moldeando como la tinta
Que guarda este mi tintero
Resquebrajadas mis manos
Resquebrajados mis sueños
Cuando no queden manos
Mucho menos quedarán veleros
Cálidas como el abrazo de una madre
Suaves, ásperas como la lija
Lisas, o arrugadas como chicharrones
Cubren sonrisas o sorpresa inesperada
O empuñan armas para quitar la vida
Manos que entretejen, que bordan, que cosen, que muelen
Recogiendo verde oliva, o amarillo de trigo
Doloridas por el hielo, humedad
El salitre cortandolas como cuchillos
Entre los brillos del mar, tesoros de plata
Manos que mienten carteristas, con anillos
Rápidas, como centellas arrojadas por Zeus
Invisibles, almas condenadas y en pena
Confiadas, firmes y seguras
Resbaladizas, blandas y sudadas
Cubiertas de sangre, amarillas de humo
Negras de trabajo, suciedad o muerte
Cuidadas por cremas, guantes aristócratas
Quebradas por el campo, de azada y mala hierba
Perfumadas de esencias, de aceites y amores
Manchadas de vino, o el verde de las flores
Hablame con tus manos, antes que me muera
Estrangúlame antes de llegar al climax
Aráñame la espalda leyendo mis lunares
O metelas tan dentro de tu cuerpo como puedas
Manos apasionadas, inocentes, temerosas
Violentas, y airadas de soberanía
Inútiles, como los sollozos
Hábiles como maquinería
Frágiles, blancas de porcelana
Hoscas y callosas de empuñar la pala
Manos dormidas y en coma
Frías, como el alma de quien no se quiere
Manos que acunan, que peinan
Construyendo el futuro son manos que reinan
Ahogando los gritos, conteniendo rabia
Apretando hasta blanquear nudillos
Sujetando al amigo en su afrenta
O convirtiendo al tiro la botella en arma
Pintame al óleo o al agua
Calmame en sonora bofetada necesaria
Saben más las manos que las mentes
Que las mueven, intentando pararlas
Manos bellas, de modelo, de revista
Otras casi zarpas, que parecen arañas
Manos alquimistas, de princesa
Mezclando las pociones del caldero
Quemándose con el fuego
Temblando de odio, de enfermedad o miedo
Nudosas como los robles, centenarios
En sus tocones guardan nidos de cuervo
No conocen horarios, leyes ni calendarios
Manos de progenitores, dejándose la piel a diario
Secando el sudor de la frente
Bajo el sol ardiente del verano
Bronceadas, rubio el vello, vacaciones
Palpitantes coloradas deportistas
Manos de cazadores
Mecánicos y artistas
Sobre el piano melodías, gitanas
Sobre cuerdas y cajones
Cubanas sobre la cintura
Dominando el movimiento de tacones
Cansadas esgrimiendo una pluma
Para cosquillear los corazones
Manos de curandero
De mago, de ciego
De mono, de sacrílego cura pecando
Algunas hay que cortarlas
Sucias manos de cerdo
Suturando las heridas
Salvando de alcanzar el cielo, o el infierno
Eso lo veremos luego
Acariciando la nuca
O templando el acero
Vidrio madera o cuero
Moldeando como la tinta
Que guarda este mi tintero
Resquebrajadas mis manos
Resquebrajados mis sueños
Cuando no queden manos
Mucho menos quedarán veleros
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