Primero, no me mires así.
Hay miradas que desnudan más que las manos
y la tuya tiene la peligrosa costumbre
de incendiarme la calma.
Acércate despacio,
como quien entra a una iglesia abandonada
sin saber si viene a rezar
o a cometer el peor de los pecados.
Háblame cerca,
tan cerca que tu respiración
confunda mis pensamientos
y haga temblar las pocas defensas
que todavía me quedan.
No me beses rápido.
El deseo apresurado nunca deja huellas profundas.
Apréndeme lento,
como se aprende una canción triste
o un vicio imposible de abandonar.
Recorre mis silencios antes que mi cuerpo.
Descubre dónde me duele el pasado,
dónde escondo el miedo,
dónde la soledad se me convierte en insomnio.
Porque pecar contigo
nunca fue solamente cuestión de piel.
Era esta manera tuya
de tocarme el alma
hasta dejarla respirando distinto.
Y entonces sí…
cuando ya no quede inocencia entre nosotros,
mírame otra vez,
como si supieras
que hay personas capaces de llevarte al cielo
justo antes de hacerte perder la razón.
Hay miradas que desnudan más que las manos
y la tuya tiene la peligrosa costumbre
de incendiarme la calma.
Acércate despacio,
como quien entra a una iglesia abandonada
sin saber si viene a rezar
o a cometer el peor de los pecados.
Háblame cerca,
tan cerca que tu respiración
confunda mis pensamientos
y haga temblar las pocas defensas
que todavía me quedan.
No me beses rápido.
El deseo apresurado nunca deja huellas profundas.
Apréndeme lento,
como se aprende una canción triste
o un vicio imposible de abandonar.
Recorre mis silencios antes que mi cuerpo.
Descubre dónde me duele el pasado,
dónde escondo el miedo,
dónde la soledad se me convierte en insomnio.
Porque pecar contigo
nunca fue solamente cuestión de piel.
Era esta manera tuya
de tocarme el alma
hasta dejarla respirando distinto.
Y entonces sí…
cuando ya no quede inocencia entre nosotros,
mírame otra vez,
como si supieras
que hay personas capaces de llevarte al cielo
justo antes de hacerte perder la razón.