Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Uno no aprende esto en los libros.
Nadie te enseña
cómo querer y huir al mismo tiempo.
Yo, por ejemplo,
te quiero
como quien se equivoca todos los días
y aun así insiste.
Te quiero
con esta torpeza mía
de decir que no
mientras por dentro
todo dice sí.
Es sencillo:
te odio cuando estás,
porque me desarmas.
Y te odio cuando no estás,
porque me haces falta.
No hay descanso.
Esto de sentir en dos direcciones
es como caminar con el corazón dividido:
un pie se queda,
el otro se va,
y uno termina
sin llegar a ninguna parte.
A veces quisiera olvidarte
como se olvida un nombre cualquiera,
pero apareces—
así, sin permiso—
en la manera en que respiro,
en la forma en que el silencio
me pesa.
Y entonces entiendo
que no se trata de elegir.
Que hay amores
que no vienen a ordenarte la vida,
sino a desordenarte para siempre.
Y uno,
tan necio,
tan humano,
aprende a vivir así:
contradiciéndose,
queriendo y negando,
y llamando a eso
para no asustarse,
costumbre.
Nadie te enseña
cómo querer y huir al mismo tiempo.
Yo, por ejemplo,
te quiero
como quien se equivoca todos los días
y aun así insiste.
Te quiero
con esta torpeza mía
de decir que no
mientras por dentro
todo dice sí.
Es sencillo:
te odio cuando estás,
porque me desarmas.
Y te odio cuando no estás,
porque me haces falta.
No hay descanso.
Esto de sentir en dos direcciones
es como caminar con el corazón dividido:
un pie se queda,
el otro se va,
y uno termina
sin llegar a ninguna parte.
A veces quisiera olvidarte
como se olvida un nombre cualquiera,
pero apareces—
así, sin permiso—
en la manera en que respiro,
en la forma en que el silencio
me pesa.
Y entonces entiendo
que no se trata de elegir.
Que hay amores
que no vienen a ordenarte la vida,
sino a desordenarte para siempre.
Y uno,
tan necio,
tan humano,
aprende a vivir así:
contradiciéndose,
queriendo y negando,
y llamando a eso
para no asustarse,
costumbre.