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Maquinaria de sentimientos

Arturo Riquelme

Poeta adicto al portal
Allí lejos del cielo nacen los celos.
Abajo entre las olas se mecen los dolores,
burdos pétalos que eligen quedarse
en la piel,
le dicen nostalgia,
una mescolanza de vasos en flor
brotados de horas calladas,
como la psicología del temor,
del misterio,
de las arrogancias que vacían el alma.
La huella de los envidiosos, protagonizando
su propia escena jubilosa del miedo,
y allí en la pared la esperanza.
Yo te hablo desde el Amor de las flores
perfumadas del labio cuando la noche
las baña con su condescendencia.
Cuando se besa la indignación en la baldosa
fría de la desesperación.

Dejando el odio expuesto corriendo por
su cañería oxidada,
la ignorancia de aquellos momentos en que
corrí
y no conseguí nada de ti, vida,
cerrando los efectos nocivos de una envidia
enjaulada
que siempre termina en aquellos
calabozos oscuros de la miseria.

Es tristeza cuando te nombro en el viento,
y te llevo de la mano del corazón;
no apagues mis días de fuego.
Un deseo que va más allá de todo cuerpo.
seguirán clavando en mi pecho
las horas de decepción,
pero tengo las semillas
del coraje para recorrer,
aunque sea de rodillas,
otra vez
los caminos de una nueva
ilusión.
 
Última edición por un moderador:
Allí lejos del cielo nacen los celos.
Abajo entre las olas se mecen los dolores,
burdos pétalos que eligen quedarse
en la piel,
le dicen nostalgia,
una mescolanza de vasos en flor
brotados de horas calladas,
como la psicología del temor,
del misterio,
de las arrogancias que vacían el alma.
La huella de los envidiosos, protagonizando
su propia escena jubilosa del miedo,
y allí en la pared la esperanza.
Yo te hablo desde el Amor de las flores
perfumadas del labio cuando la noche
las baña con su condescendencia.
Cuando se besa la indignación en la baldosa
fría de la desesperación.

Dejando el odio expuesto corriendo por
su cañería oxidada,
la ignorancia de aquellos momentos en que
corrí
y no conseguí nada de ti, vida,
cerrando los efectos nocivos de una envidia
enjaulada
que siempre termina en aquellos
calabozos oscuros de la miseria.

Es tristeza cuando te nombro en el viento,
y te llevo de la mano del corazón;
no apagues mis días de fuego.
Un deseo que va más allá de todo cuerpo.
seguirán clavando en mi pecho
las horas de decepción,
pero tengo las semillas
del coraje para recorrer,
aunque sea de rodillas,
otra vez
los caminos de una nueva
ilusión.
fue un poco difícil reeditar el poema, pero ya creo que se ve menos revuelto, me gusta tu melancolía no me extraña, pero es deliciosa, besos
 

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