Gonvedo
Poeta asiduo al portal
He mirado mar adentro de tus ojos
buscando una galaxia en el llanto de la llama,
o la agresiva dulzura de la presa.
Unos erizos ciegos sin apenas memoria
mueven la noche de un lado para otro.
Y he aquí, que un bello desorden se consuma.
Florece en tus labios el clavel de la locura
como púrpura sangre ardiente que bombea
en el corazón de la tiniebla, y en tu pecho se inflama
un rumor de olas que da firme tronco a tu estatura.
Por sobre los tejados veletas y dragones
se disputan el viento, languidecen los mástiles
en el puerto, mientras balcones y ventanas
se abren a la luz en el cielo raso de los viernes.
He buscado en tu vientre caracolas de plata
y ciudades sumergidas, mientras un jardín
de hipocampos permanece en la vigilia.
Solo nos quedan un suelo ajedrezado,
unas ánforas hundidas de hace mucho tiempo
y un antifaz para la lluvia.
buscando una galaxia en el llanto de la llama,
o la agresiva dulzura de la presa.
Unos erizos ciegos sin apenas memoria
mueven la noche de un lado para otro.
Y he aquí, que un bello desorden se consuma.
Florece en tus labios el clavel de la locura
como púrpura sangre ardiente que bombea
en el corazón de la tiniebla, y en tu pecho se inflama
un rumor de olas que da firme tronco a tu estatura.
Por sobre los tejados veletas y dragones
se disputan el viento, languidecen los mástiles
en el puerto, mientras balcones y ventanas
se abren a la luz en el cielo raso de los viernes.
He buscado en tu vientre caracolas de plata
y ciudades sumergidas, mientras un jardín
de hipocampos permanece en la vigilia.
Solo nos quedan un suelo ajedrezado,
unas ánforas hundidas de hace mucho tiempo
y un antifaz para la lluvia.