José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
MAR INDÓMITO
Seco en mi aviesa castidad absurda
busco la humedad en tu arco impío.
Irrumpo alterado y confuso,
trasgrediendo tu ser generoso,
y descubro tu cuerpo anclado
desnudo y frío, abandonado allá,
en ancestral olvido.
Añoro tus reflejos de crestas plateadas,
tus incursiones en mis arenas doradas,
tu armónica calidez en mi ego difuso,
y mi vaciado exhausto en tu secreto meloso.
Busco de nuevo conectar con tu broche aterciopelado y lúdico,
y caminar sobre tus aguas sin temor a lo prohibido.
Soy náufrago de mares ignotos, atrevido a tus corrientes y mareas
y me zafo de los quebrantos malparados y dolosos,
asiendo con ambas manos tus orondas
y voluptuosas olas, en preñada deriva.
Imploro tu angosto amor, ayer inmenso,
que fue cobijo de mi descuidado anhelo.
Ahora arrepentido, escribo mi poesía en pergamino
en letras de amor y pasión,
aisladas de la intemperie de tu furia,
en misiva sobre falúa de cristal,
que arrojé acorchada a tus aguas en desesperada acción,
allá por el post-tiempo de mi caos y desazón.
Quiero encontrarme otra vez, con la melodía de tu concha,
limpia de salitre, sin recelos y pura.
Y romper a mazazos las cadenas de tus miedos y mis miedos.
Enredarme en tus redes al trasmallo, rozando tu cuerpo libre de ataduras
y volver a sentir la turgencia indomable de mi avidez férrea y cruda.
Onírica noche de lascivias inconfesas
agranda tu marco de absorción voraz
anulando mi sentido sentimiento
que embargue la incontrolada embriaguez
de mi arrogada lujuria.
Quiero corregir mi aciago espectro,
despojándome de esta mirada anodina.
Quiero ganar a la aurora y en sigilo,
trepar a tu alcoba de amor y agonía,
completando ese hueco frío y sin trazo
en el lienzo de tu cama vacía.
Observo cautivado tu respirar cortado
y me convierto en aroma de tu deseo
que agita tu torso inexplorado,
y blando al son de mi escarceo.
Te miro con mi quebrantado corazón arrebolado,
y vuelvo de ti a enamorarme.
Te amo con mis ojos verdes esmeralda cerrados,
y retomo mi sentir en tus labios.
Te siento trémula sobre mi regazo, y abrazo tu alma
hasta sentir fusionado en un latido nuestro amor.
Te amo, como nunca pudiera nadie amarte.
Te siento, como nunca pudiera nadie sentirte.
Te abrazo, como nunca pudiera nadie abrazarte.
Juntos surcaremos tu mar indómito contra corriente y en deriva
y rociaremos los manglares de aromas profanos y excitantes.
Ya no te soportas sin corrientes.
Ya no me soporto sin derivas.
Acércate musa de mis desvelos, con tus ardientes y rizadas olas
y cubre mi cuerpo aterido, fusionando tu ardor y mi frío
en plano palpitante de pasión, sin tensones…
en un fogoso nexo de amor.
07 de noviembre de 2017
José Ignacio Ayuso Díez
José Ignacio Ayuso Díez