Océano abierto y mareado,
De palabras sordas entintado,
Aburrido de las odas,
Del viento abanicado.
Los colores que se mezclan,
Entre las estrellas y el ocaso,
Compartiendo el velo blanco,
Transparente, un poco azulado.
Son acuarelas que trae el mar,
Que suena con las piedras,
Que tratan de retratar la sonrisa perdida,
En el cuadro, entre la vida.
Y tú que te vistes de felicidad,
Y de acuarelas en tu rostro,
Y no hay piedra que pueda hacer sonar,
A la mujer que me hace esperar.
Esperándola entre maleza,
Desde las espinas del rosal,
Se proyectan entre pétalos,
Y caen en el invierno.
Y la arena que trae el viento,
Que me sega entre ilusiones,
En el toque mano a mano,
Se pinta el marco del mar como sangre,
Y piedras como corazones.
De palabras sordas entintado,
Aburrido de las odas,
Del viento abanicado.
Los colores que se mezclan,
Entre las estrellas y el ocaso,
Compartiendo el velo blanco,
Transparente, un poco azulado.
Son acuarelas que trae el mar,
Que suena con las piedras,
Que tratan de retratar la sonrisa perdida,
En el cuadro, entre la vida.
Y tú que te vistes de felicidad,
Y de acuarelas en tu rostro,
Y no hay piedra que pueda hacer sonar,
A la mujer que me hace esperar.
Esperándola entre maleza,
Desde las espinas del rosal,
Se proyectan entre pétalos,
Y caen en el invierno.
Y la arena que trae el viento,
Que me sega entre ilusiones,
En el toque mano a mano,
Se pinta el marco del mar como sangre,
Y piedras como corazones.