él te va abrir la puerta
con su sonrisa de niño traumado por el osito Misha
en cuya blancura la nicotina ha dejado su huella abstracta
y los años de socialista desnutrición
más de una ausencia.
enseguida pásale los 200 dólares
y el six pack de cervezas
para que no te invite a jugar PlayStation con su hijo
ni te brinde algo de polen con el que sacudirte el tráfico de encima
y las ocho horas de hipocresía asalariada.
mantén izado en tus ojos
que no han sido
esos muelles que el alba abandona según como estén sus niveles de estrógeno
esos relojes de arena en los que Sol Meliá también puso hoteles
esos ladrillos de Berlín que usas de almohada
esas noches que suelen encontrar sus puntos suspensivos en el cenicero
o en las cartas amarillas en las que se revuelcan tú y tu ex-
las razones que te han traído a su casa.
él va a entender
y sin más preámbulos te señalará la cortina de lentejuelas rojas
tras la cual
te espera su esposa
con un condón y frasco de lubricante en la mano derecha
para hacerte sudar el vacío
la sal de los septiembres
y uno que otro solo de violín.
pero antes de entrar te va a pedir de favor
que a la hora de mezclar tus espermatozoides con el látex
aúlles
graznes
brames
relinches
en fin…
que grites de todo
menos “Te amo”
como suele hacer uno de esos tipos tristes
que dice
llamarse Marcos.
…a Michel, por hijo de puta.
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