Tobare
Poeta recién llegado
Es una fría tarde de Julio,
el Invierno duerme tranquilo en las hojas,
los barcos reposan en las marejadas sombrías,
y el sol intimidado se oculta timorato tras las nubes,
yo, enterrado tras largas sábanas negras
recuerdo tu dolor, y lo hago mío,
como tantas veces me hice tuyo.
Pero hoy no, el mar se ha transformado en un cementerio con reflujo
sin respeto deposita a los seres marinos en sus costas,
para dejarlos ahí morir y podrirse nublados como el cielo,
el aire se tiñe de un perfume hiriente y pegajoso.
Una montaña, ¿qué hace una montaña en mi poema?
yo no lo sé, pero la siento inmensa
como el vacío que quedó tras tu partida inapelable,
un rostro marchito y magullado enmascara mi alma destruida.
Ahora una red ¡soy invadido por una red!
que me atrapa y me envuelve: he dejado de ser,
soy el invierno, o quizás el otoño, aunque por ahora espero,
una ancha espera me toca como un reloj acariciando el tiempo.
Pero hoy tengo que sufrir, porque hay tortura con tu ausencia,
y sé que si estiro mis gritos al viento para que te rocen
se deslizarán ignorados por tus oídos altivos,
y pienso en la mirada gélida como un planeta sin estrella
que no me dedicas porque fui desterrado de tu rumbo.
Declaro inútiles los días en que no te veo
y lleno mi saco repleto de días inútiles,
por eso mis poemas son salvavidas tristes que no leerás
condenados a congelarse en el olvido.
Sin embargo, ¡Ay! Lo peor de todo
es un llanto sin luz ni rostro que me acosa desde los callejones
donde se oculta una verdad tan amarga que evito imaginar,
cuando sepa que tus besos antes míos a otros se los darás.
Arica, 25 de Julio.
el Invierno duerme tranquilo en las hojas,
los barcos reposan en las marejadas sombrías,
y el sol intimidado se oculta timorato tras las nubes,
yo, enterrado tras largas sábanas negras
recuerdo tu dolor, y lo hago mío,
como tantas veces me hice tuyo.
Pero hoy no, el mar se ha transformado en un cementerio con reflujo
sin respeto deposita a los seres marinos en sus costas,
para dejarlos ahí morir y podrirse nublados como el cielo,
el aire se tiñe de un perfume hiriente y pegajoso.
Una montaña, ¿qué hace una montaña en mi poema?
yo no lo sé, pero la siento inmensa
como el vacío que quedó tras tu partida inapelable,
un rostro marchito y magullado enmascara mi alma destruida.
Ahora una red ¡soy invadido por una red!
que me atrapa y me envuelve: he dejado de ser,
soy el invierno, o quizás el otoño, aunque por ahora espero,
una ancha espera me toca como un reloj acariciando el tiempo.
Pero hoy tengo que sufrir, porque hay tortura con tu ausencia,
y sé que si estiro mis gritos al viento para que te rocen
se deslizarán ignorados por tus oídos altivos,
y pienso en la mirada gélida como un planeta sin estrella
que no me dedicas porque fui desterrado de tu rumbo.
Declaro inútiles los días en que no te veo
y lleno mi saco repleto de días inútiles,
por eso mis poemas son salvavidas tristes que no leerás
condenados a congelarse en el olvido.
Sin embargo, ¡Ay! Lo peor de todo
es un llanto sin luz ni rostro que me acosa desde los callejones
donde se oculta una verdad tan amarga que evito imaginar,
cuando sepa que tus besos antes míos a otros se los darás.
Arica, 25 de Julio.