Margarita Sosa, cansada,
clava en la puerta su sexo y protestan los cardenales,
puntos celestes rodean la estancia y un diablo,
malvado, por bueno se roba la ciencia.
Un gato robado del tiempo, se rasga
el pecho con garras de fierro y no sangra,
el zumo es cosecha para su dueña, Margarita,
gatófaga sin miedo, ladrona y protestante.
Al son del martillo la arena salta,
del universo loco al del día negativo,
reloj de la abuela, la mala del cuento,
que hacía con ella suculentos platos de alta cocina.
Sosa, su padre recuerda con gusta amargo
el tiempo de la abuela, malvada Doña Pelada,
ahora es tiempo del clavo, que fija los sexos a vista del padre,
ên una puerta de madera y mármol que sepulta voces cada madrugada.