Margaritas amarillas

César Guevar

Poeta que considera el portal su segunda casa

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El camino tenía cielo azul, tarde tranquila y plantas de árnica con margaritas amarillas.

A mi lado un hombre dormía. La camioneta que nos llevaba, un híbrido extraño entre Van y pequeño autobús, atacaba animosa la carretera ante el declinante sol de las cinco.

Yo iba masticando, verso a verso, tu poema de dolor y despedida. Me absorbían un extraño silencio roncante (de motores, de mentes en blanco) y las margaritas amarillas del camino polvoriento, hermanas pequeñas de los girasoles, hermanas humildes de los crisantemos, hermanas marginales de las margaritas.

Y la ruta era un ciclo de flechas cautivas para las flores de árnica tanto como para las distancias, los abismos y universos abiertos entre tu vida y la mía. Yo no estaba. Tu reclamo era un doloroso amor-silencio. Como una lágrima llorada en seco antes de haber nacido. Como una ausencia injusta, de inconsciencia y castigo.

Hay momentos en los que te provoca un vidrio agudo capaz de herirte la aurícula derecha, y que todo se vuelva blanco, ausente, inexistente. Total, para un corazón que no puede, víscera plástica hueca, mejor la tranquilidad del no más.
Y sin embargo algo, cobardía quizás, te hace arrancarte el vidrio y seguir nadando, sangrando penosamente, en un infinito lago de vacío. No sabes para qué. Solo nadas, como un idiota, al lado de un hombre maldormido, entre humildes polvorientas plantas llenas de flores amarillas.

Tu poema decía todo aquello que tu silencio no. Yo, pobre infeliz, viajaba en círculo viciado, con la boca amarga y un reloj de vuelta repetida, y repetida, y repetida, y repetida...

Y repetida, y

Tus labios fucsia grandes y carnosos se habían ido tras tus ojos por un camino sin árnica, sin sol de híbridos silenciosos, sin escaleras verticales. Yo... no estaba contigo. Solo des-hacía el destino trillado, plagado de eslabones y candados. Eran las cinco de la tarde, hora en que se burlan de ti con desdicha vengativa, el asfalto, el silencio y hasta las polvorientas margaritas amarillas.



Marzo y ciclos viciados, 2017. César Guevara.​
 
Última edición:
El camino tenía cielo azul, tarde tranquila y plantas de árnica con margaritas amarillas.

A mi lado un hombre dormía. La camioneta que nos llevaba, un híbrido extraño entre Van y pequeño autobús, atacaba animosa la carretera ante el declinante sol de las cinco.

Yo iba masticando, verso a verso, tu poema de dolor y despedida. Me absorbían un extraño silencio roncante (de motores, de mentes en blanco) y las margaritas amarillas del camino polvoriento, hermanas pequeñas de los girasoles, hermanas humildes de los crisantemos, hermanas marginales de las margaritas.

Y la ruta era un ciclo de flechas cautivas para las flores de árnica tanto como para las distancias, los abismos y universos abiertos entre tu vida y la mía. Yo no estaba. Tu reclamo era un doloroso amor-silencio. Como una lágrima llorada en seco antes de haber nacido. Como una ausencia injusta, de inconsciencia y castigo.

Hay momentos en los que te provoca un vidrio agudo capaz de herirte la aurícula derecha, y que todo se vuelva blanco, ausente, inexistente. Total, para un corazón que no puede, víscera plástica hueca, mejor la tranquilidad del no más.
Y sin embargo algo, cobardía quizás, te hace arrancarte el vidrio y seguir nadando, sangrando penosamente, en un infinito lago de vacío. No sabes para qué. Solo nadas, como un idiota, al lado de un hombre maldormido, entre humildes polvorientas plantas llenas de flores amarillas.

Tu poema decía todo aquello que tu silencio no. Yo, pobre infeliz, viajaba en círculo viciado, con la boca amarga y un reloj de vuelta repetida, y repetida, y repetida, y repetida...

Y repetida, y

Tus labios fucsia grandes y carnosos se habían ido tras tus ojos por un camino sin árnica, sin sol de híbridos silenciosos, sin escaleras verticales. Yo... no estaba contigo. Solo des-hacía el destino trillado, plagado de eslabones y candados. Eran las cinco de la tarde, hora en que se burlan de ti con desdicha vengativa, el asfalto, el silencio y hasta las polvorientas margaritas amarillas.



Marzo y ciclos viciados, 2017. César Guevara.​

El camino tenía cielo azul, tarde tranquila y plantas de árnica con margaritas amarillas.

A mi lado un hombre dormía. La camioneta que nos llevaba, un híbrido extraño entre Van y pequeño autobús, atacaba animosa la carretera ante el declinante sol de las cinco.

Yo iba masticando, verso a verso, tu poema de dolor y despedida. Me absorbían un extraño silencio roncante (de motores, de mentes en blanco) y las margaritas amarillas del camino polvoriento, hermanas pequeñas de los girasoles, hermanas humildes de los crisantemos, hermanas marginales de las margaritas.

Y la ruta era un ciclo de flechas cautivas para las flores de árnica tanto como para las distancias, los abismos y universos abiertos entre tu vida y la mía. Yo no estaba. Tu reclamo era un doloroso amor-silencio. Como una lágrima llorada en seco antes de haber nacido. Como una ausencia injusta, de inconsciencia y castigo.

Hay momentos en los que te provoca un vidrio agudo capaz de herirte la aurícula derecha, y que todo se vuelva blanco, ausente, inexistente. Total, para un corazón que no puede, víscera plástica hueca, mejor la tranquilidad del no más.
Y sin embargo algo, cobardía quizás, te hace arrancarte el vidrio y seguir nadando, sangrando penosamente, en un infinito lago de vacío. No sabes para qué. Solo nadas, como un idiota, al lado de un hombre maldormido, entre humildes polvorientas plantas llenas de flores amarillas.

Tu poema decía todo aquello que tu silencio no. Yo, pobre infeliz, viajaba en círculo viciado, con la boca amarga y un reloj de vuelta repetida, y repetida, y repetida, y repetida...

Y repetida, y

Tus labios fucsia grandes y carnosos se habían ido tras tus ojos por un camino sin árnica, sin sol de híbridos silenciosos, sin escaleras verticales. Yo... no estaba contigo. Solo des-hacía el destino trillado, plagado de eslabones y candados. Eran las cinco de la tarde, hora en que se burlan de ti con desdicha vengativa, el asfalto, el silencio y hasta las polvorientas margaritas amarillas.



Marzo y ciclos viciados, 2017. César Guevara.​
Te quedó del carajo esa despedida hermano, palante es pa"lla, un abrasote César,
 
Ufff, cuánta tristeza y dolor se siente en cada verso, en cada palabra, en cada estrofa, de esta profunda prosa.
Todos aquellxs que hemos amado a alguien con tantas fuerzas y todas las fibras del cuerpo y del alma, sabemos lo que se siente al ver, que ese ser amado se vaya de nuestro lado y nos deje inmerso en el más profundo y silencioso abismo.. Esta frase en sí, hace estragos, al leerla
Tus labios fucsia grandes y carnosos se habían ido tras tus ojos por un camino sin árnica, sin sol de híbridos silenciosos, sin escaleras verticales. Yo... no estaba contigo.
... y este final me resultó desbastador ...

Te dejo un gran abrazo, Poeta.
 
El camino tenía cielo azul, tarde tranquila y plantas de árnica con margaritas amarillas.

A mi lado un hombre dormía. La camioneta que nos llevaba, un híbrido extraño entre Van y pequeño autobús, atacaba animosa la carretera ante el declinante sol de las cinco.

Yo iba masticando, verso a verso, tu poema de dolor y despedida. Me absorbían un extraño silencio roncante (de motores, de mentes en blanco) y las margaritas amarillas del camino polvoriento, hermanas pequeñas de los girasoles, hermanas humildes de los crisantemos, hermanas marginales de las margaritas.

Y la ruta era un ciclo de flechas cautivas para las flores de árnica tanto como para las distancias, los abismos y universos abiertos entre tu vida y la mía. Yo no estaba. Tu reclamo era un doloroso amor-silencio. Como una lágrima llorada en seco antes de haber nacido. Como una ausencia injusta, de inconsciencia y castigo.

Hay momentos en los que te provoca un vidrio agudo capaz de herirte la aurícula derecha, y que todo se vuelva blanco, ausente, inexistente. Total, para un corazón que no puede, víscera plástica hueca, mejor la tranquilidad del no más.
Y sin embargo algo, cobardía quizás, te hace arrancarte el vidrio y seguir nadando, sangrando penosamente, en un infinito lago de vacío. No sabes para qué. Solo nadas, como un idiota, al lado de un hombre maldormido, entre humildes polvorientas plantas llenas de flores amarillas.

Tu poema decía todo aquello que tu silencio no. Yo, pobre infeliz, viajaba en círculo viciado, con la boca amarga y un reloj de vuelta repetida, y repetida, y repetida, y repetida...

Y repetida, y

Tus labios fucsia grandes y carnosos se habían ido tras tus ojos por un camino sin árnica, sin sol de híbridos silenciosos, sin escaleras verticales. Yo... no estaba contigo. Solo des-hacía el destino trillado, plagado de eslabones y candados. Eran las cinco de la tarde, hora en que se burlan de ti con desdicha vengativa, el asfalto, el silencio y hasta las polvorientas margaritas amarillas.



Marzo y ciclos viciados, 2017. César Guevara.​
Ayyy César, el camino está sembrado de pensamientos, de momentos que nos marcaron y que se repiten incesantes y la idea del amor taladrando nuestros pasos... Intensa y sugestiva tu prosa, origina sensaciones en que profundizas en tu verdad...Me ha encantado leerte, mi querido y admirado amigo. Besazos con cariño ....muáááácksss....
 
Ufff, cuánta tristeza y dolor se siente en cada verso, en cada palabra, en cada estrofa, de esta profunda prosa.
Todos aquellxs que hemos amado a alguien con tantas fuerzas y todas las fibras del cuerpo y del alma, sabemos lo que se siente al ver, que ese ser amado se vaya de nuestro lado y nos deje inmerso en el más profundo y silencioso abismo.. Esta frase en sí, hace estragos, al leerla ... y este final me resultó desbastador ...

Te dejo un gran abrazo, Poeta.

Gracias por tu abrazo y tu inestimable empatía. Si alguna vez llegas a transitar por un camino flanqueado por flores no olvides lanzarles un beso.
 
Última edición:
Ayyy César, el camino está sembrado de pensamientos, de momentos que nos marcaron y que se repiten incesantes y la idea del amor taladrando nuestros pasos... Intensa y sugestiva tu prosa, origina sensaciones en que profundizas en tu verdad...Me ha encantado leerte, mi querido y admirado amigo. Besazos con cariño ....muáááácksss....

Tengo tiempo que no te leo y tu poesía, fresca y optimista, me hace bien, Loma de Granada. Gracias por venir a visitar este momento de...

Gracias.
 
¡Bello y desolador relato César! en el que parece que lo único que cobra vida y se mueve es el paisaje.La tristeza del protagonista hace el trayecto inalterable y parece que hasta las margaritas se impregnen de ella. Mucha angustia en ese recorrido que marca las 5 de la tarde con esa sensación de pérdida y ausencia terrible que detiene el tiempo de la jornada como si la camioneta no se dirigiera a ninguna parte.
Un placer leerte
Abrazos hasta tu espacio
 
¡Bello y desolador relato César! en el que parece que lo único que cobra vida y se mueve es el paisaje.La tristeza del protagonista hace el trayecto inalterable y parece que hasta las margaritas se impregnen de ella. Mucha angustia en ese recorrido que marca las 5 de la tarde con esa sensación de pérdida y ausencia terrible que detiene el tiempo de la jornada como si la camioneta no se dirigiera a ninguna parte.
Un placer leerte
Abrazos hasta tu espacio

¿No te has sentido alguna vez como en una cápsula irrompible, llena de ti y a la vez de vacío? Últimamente he comprendido, o creo haber comprendido los delirios de Van Gogh en el verde, el amarillo, las estrellas gigantes, la pobreza, la tristeza. El paisaje, indiferente, no nos salva del vacío. Son solo pequeñas margaritas amarillas, hermanas marginadas de las margaritas, luchando por sol y pájaros. Ajenas y mudas ante quien las pinta.

Un beso para tu mano, poeta.

Ah, te envío una canción:

 
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El camino tenía cielo azul, tarde tranquila y plantas de árnica con margaritas amarillas.

A mi lado un hombre dormía. La camioneta que nos llevaba, un híbrido extraño entre Van y pequeño autobús, atacaba animosa la carretera ante el declinante sol de las cinco.

Yo iba masticando, verso a verso, tu poema de dolor y despedida. Me absorbían un extraño silencio roncante (de motores, de mentes en blanco) y las margaritas amarillas del camino polvoriento, hermanas pequeñas de los girasoles, hermanas humildes de los crisantemos, hermanas marginales de las margaritas.

Y la ruta era un ciclo de flechas cautivas para las flores de árnica tanto como para las distancias, los abismos y universos abiertos entre tu vida y la mía. Yo no estaba. Tu reclamo era un doloroso amor-silencio. Como una lágrima llorada en seco antes de haber nacido. Como una ausencia injusta, de inconsciencia y castigo.

Hay momentos en los que te provoca un vidrio agudo capaz de herirte la aurícula derecha, y que todo se vuelva blanco, ausente, inexistente. Total, para un corazón que no puede, víscera plástica hueca, mejor la tranquilidad del no más.
Y sin embargo algo, cobardía quizás, te hace arrancarte el vidrio y seguir nadando, sangrando penosamente, en un infinito lago de vacío. No sabes para qué. Solo nadas, como un idiota, al lado de un hombre maldormido, entre humildes polvorientas plantas llenas de flores amarillas.

Tu poema decía todo aquello que tu silencio no. Yo, pobre infeliz, viajaba en círculo viciado, con la boca amarga y un reloj de vuelta repetida, y repetida, y repetida, y repetida...

Y repetida, y

Tus labios fucsia grandes y carnosos se habían ido tras tus ojos por un camino sin árnica, sin sol de híbridos silenciosos, sin escaleras verticales. Yo... no estaba contigo. Solo des-hacía el destino trillado, plagado de eslabones y candados. Eran las cinco de la tarde, hora en que se burlan de ti con desdicha vengativa, el asfalto, el silencio y hasta las polvorientas margaritas amarillas.



Marzo y ciclos viciados, 2017. César Guevara.​
Me encantan las imágenes. Escribes de una manera espectacular.
 
Maravillosa prosa César, por la forma tan fluida en que la narras, la cruda soledad que nos transmite y claridad de la idea central, el mundo no se detiene cuando sufrimos por una separación, sin embargo pareciera que todo nos echara en cara nuestros errores, las cosas cotidianas, las propias e incluso las ajenas, un enorme placer leerte, besos.
 
Última edición por un moderador:
¿Es curioso cuando las personas dicen que la vida es hermosa no?
A veces simplemente puede serlo pero la perspectiva de uno es de vacío, no encuentras belleza en lo hermoso, no encuentras tranquilidad en lo pacifico, andas por andar sin un objetivo o un lugar al cual llegar y todo por la ausencia de alguien.
Me encanto, un saludo.
 
Maravillosa prosa César, por la forma tan fluida en que la narras, la cruda soledad que nos transmite y claridad de la idea central, el mundo no se detiene cuando sufrimos por una separación, sin embargo pareciera que todo nos echara en cara nuestros errores, las cosas cotidianas, las propias e incluso las ajenas, un enorme placer leerte, besos.

La soledad vive acechándonos, mujer de las bellas alas noche... Nos "raspa" inmisericorde el interior. Solo una extraña inercia nos lleva a veces, dentro de un sinsentido inexpugnable. Y nos duele más cuando creíamos -pobres pendejos- que la habíamos derrotado con sexo de media tarde, abrazos, sonrisas, cenas compartidas... y todo eso se va de ti, se muda a otra persona o a ninguna, pero se va. Siempre debe haber algo por qué vivir (dicen). Yo no termino de estar seguro, no sé en qué trampa nos ha sumido este cosmos para que sintamos como sentimos y creamos como creemos. Quien lo sepa, que tome la palabra.
 
¿Es curioso cuando las personas dicen que la vida es hermosa no?
A veces simplemente puede serlo pero la perspectiva de uno es de vacío, no encuentras belleza en lo hermoso, no encuentras tranquilidad en lo pacifico, andas por andar sin un objetivo o un lugar al cual llegar y todo por la ausencia de alguien.
Me encanto, un saludo.

Es muy curioso, compañero Lobo. ¿Qué puede llenar finalmente nuestro corazón? Tal vez la muerte, no sé...
 
He sentido esa extraña sensación que algo te falta pero no sabes que y el vacío existencial crece y te sientes como esas margaritas amarillas que existen sin saber porque o para que pero siguen ahi multiplicando sin razón
Un placer leerte
 
La soledad vive acechándonos, mujer de las bellas alas noche... Nos "raspa" inmisericorde el interior. Solo una extraña inercia nos lleva a veces, dentro de un sinsentido inexpugnable. Y nos duele más cuando creíamos -pobres pendejos- que la habíamos derrotado con sexo de media tarde, abrazos, sonrisas, cenas compartidas... y todo eso se va de ti, se muda a otra persona o a ninguna, pero se va. Siempre debe haber algo por qué vivir (dicen). Yo no termino de estar seguro, no sé en qué trampa nos ha sumido este cosmos para que sintamos como sentimos y creamos como creemos. Quien lo sepa, que tome la palabra.
Alguna vez, (por fortuna hoy no), caí en el juego del autoengaño, intentando llenar mi vacío interno con cualquier persona, salidas, besos sin alma, como pago solo obtuve agigantar más mi soledad y sentir como ese vacío iba creciendo de manera agobiante, ahora solo es un mal recuerdo, tengo motivos para sonreír cada mañana, para vivir sin preocuparme por los planes del cosmos.
En realidad no conozco tu vida más allá de lo que compartes en tu comentario, creeme que deseo de todo corazón que la vida te ponga en el camino una razón para sonreír, besos.
 
Última edición por un moderador:
Alguna vez, (por fortuna hoy no), caí en el juego del autoengaño, intentando llenar mi vacío interno con cualquier persona, salidas, besos sin alma, como pago solo obtuve agigantar más mi soledad y sentir como ese vacío iba creciendo de manera agobiante, ahora solo es un mal recuerdo, tengo motivos para sonreír cada mañana, para vivir sin preocuparme por los planes del cosmos.
En realidad no conozco tu vida más allá de lo que compartes en tu comentario, creeme que deseo de todo corazón que la vida te ponga en el camino una razón para sonreír, besos.

Te felicito desde el corazón. Cuida eso... Que tengas sonrisas siempre. ¿Sabes? A mí también hay cosas que me causan sonrisa. Una de ellas son esas hermosas y humildes margaritas amarillas (por llamarlas de algún modo... ¿a quién se le ocurre ponerle nombre a flores comunes que crecen sin que nadie las haya sembrado a la vera de los caminos?), que de tanto esforzarse por vivir y por ser bellas llegan a ser pequeños soles. Cada cosa, hasta las cosas muertas, quieren ser al máximo. Un ladrillo en una pared quiere ser rascacielo o catedral. Igual nosotros.

Te envío un saludo fraternal y mi agradecimiento por acompañar este poema (la prosa también puede ser poema, digo yo...). Que tengas sonrisa y alma llena en esta tarde de domingo, mujer de las hermosas alas noche.
 

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