yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Recuerdas Maria Libélula
como odiaba nuestra cama las distancias
y los aromas purulentos
que dejaban al pasar los desterrados?
Recordaras también
cuantas veces jugamos a orinar el portón de los vecinos
y las oscuras razones que argumentaban
tus falsos modales,
la injusticia de vivir distintos siglos.
Maria Libélula te nombraba
cuando llegabas cada noche con ganas de ser nada
sudando naftalina
y sudores de borrachos,
entonces te tomaba entre mis brazos
y podía por unas horas encadenar tus pies
en la misma dirección de nuestras alas,
tu dejabas que el sentido de tu sangre fuera inverso
al sopor con que mis dedos amenazaban con borrarte
y volvías a ser sonrisa ebria con sabor mezcalina
y comenzabas a magullar con entredichos
el faro aquel donde cada noche te buscaba.
Te nombraba Maria Libélula
y pude no nombrarte nunca y pude incrustarte en las semillas
del olvido
pero ya ves que no tiene riendas la memoria
y aunque me moría por no nombrarte
te llame Maria Libélula
al no tener otro nombre que pudiera contenerte.
Te llame Maria Libélula
y aunque la espera abarca décadas
es necesario entender la razón que te llevo
a ser hasta el aliento de mi sombra,
cuando viva me llenabas de tu muerte
Maria sin nombre,
Maria que se moría en la
Marea que llevaba tus desganas
hasta el limbo donde tus alas incendiadas
fueron a quemarse en tu desgracia.
como odiaba nuestra cama las distancias
y los aromas purulentos
que dejaban al pasar los desterrados?
Recordaras también
cuantas veces jugamos a orinar el portón de los vecinos
y las oscuras razones que argumentaban
tus falsos modales,
la injusticia de vivir distintos siglos.
Maria Libélula te nombraba
cuando llegabas cada noche con ganas de ser nada
sudando naftalina
y sudores de borrachos,
entonces te tomaba entre mis brazos
y podía por unas horas encadenar tus pies
en la misma dirección de nuestras alas,
tu dejabas que el sentido de tu sangre fuera inverso
al sopor con que mis dedos amenazaban con borrarte
y volvías a ser sonrisa ebria con sabor mezcalina
y comenzabas a magullar con entredichos
el faro aquel donde cada noche te buscaba.
Te nombraba Maria Libélula
y pude no nombrarte nunca y pude incrustarte en las semillas
del olvido
pero ya ves que no tiene riendas la memoria
y aunque me moría por no nombrarte
te llame Maria Libélula
al no tener otro nombre que pudiera contenerte.
Te llame Maria Libélula
y aunque la espera abarca décadas
es necesario entender la razón que te llevo
a ser hasta el aliento de mi sombra,
cuando viva me llenabas de tu muerte
Maria sin nombre,
Maria que se moría en la
Marea que llevaba tus desganas
hasta el limbo donde tus alas incendiadas
fueron a quemarse en tu desgracia.
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