Navasdel
Poeta adicto al portal
María y Halley
Él, la conoció hace mucho tiempo, pero ella no lo recuerda. Como cada noche salía al jardín e ilusionada, miraba hacia el cielo con la esperanza de que él la vuelva a ver. Pero estas últimas noches, son noches de desilusión y en el iris de sus ojos se perdía el brillo y el palpitar de las estrellas. Después de dos años de lucha perdida, llegó su noche, la noche soñada. Como si fuese un ritual, caminó descalza por el césped, encendió los faroles del jardín y se sentó en su sillón de mimbre esperando tan deseado momento. Por fin, ella puede ver en la lejanía el brillo intenso y extraño del cometa que la vio nacer, a la vez que un frío e insípido suspiro se escapa de su interior. Ya sin conciencia en el suelo, entre las rosas aterciopeladas de la noche, María cumplió su deseo:
Fundir su alma con la inmensa luz que marcó su destino.
Él, la conoció hace mucho tiempo, pero ella no lo recuerda. Como cada noche salía al jardín e ilusionada, miraba hacia el cielo con la esperanza de que él la vuelva a ver. Pero estas últimas noches, son noches de desilusión y en el iris de sus ojos se perdía el brillo y el palpitar de las estrellas. Después de dos años de lucha perdida, llegó su noche, la noche soñada. Como si fuese un ritual, caminó descalza por el césped, encendió los faroles del jardín y se sentó en su sillón de mimbre esperando tan deseado momento. Por fin, ella puede ver en la lejanía el brillo intenso y extraño del cometa que la vio nacer, a la vez que un frío e insípido suspiro se escapa de su interior. Ya sin conciencia en el suelo, entre las rosas aterciopeladas de la noche, María cumplió su deseo:
Fundir su alma con la inmensa luz que marcó su destino.
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