Hoy no es tiempo de brotes, es tiempo de hojarascas, de restos de flores muertas que desteñidas y marchitas se apiñan temblorosas en un rincón rumiando nostalgias; hoy no quieren que el viento las moleste con sus frecuentes juegos de remolinos envolventes...Y sin embargo puedo sentir como el aroma de azahar que inundaba los patios vive aún en la memoria de aquel naranjo solitario que siempre reclamó un hermano para aliviar su aislamiento; percibo como todavía cree escuchar el ruido del juego de los gorriones entre sus ramas mientras picoteaban sus hojas.
Mientras tanto custodio con celo el recuerdo del incesante baile de las alegres mariposas sobre los geranios, pues en ellas se inspiraron mis primeros versos infantiles.
Hoy no es tiempo de palabras, es tiempo de silencios y aun así no puedo dejar de oír como los susurros de esta vieja casa deshabitada me hablan; esta quejumbrosa morada repleta de silencios sonoros que recogen los murmullos de todas las voces que un día la habitaron.
Allí junto aquella ventana, aún quedan vestigios de mi presencia y esa mesa abarrotada de libros, hay un cuaderno huérfano que guarda mis versos inacabados. Fuera, en el jardín, el naranjo llora; le consuelan unas mariposas de negro luto.
No estranguléis las flores para adornar mi tumba, ni llenéis de palabras huecas mi epitafio; decidles que hoy prefiero el calor de un sentido silencio.
Archivos adjuntos
Última edición:
