Nat Guttlein
さん
Y en un lento degradé,
observo los buenos recuerdos tambalear,
las horas repletas en palabras sin sentido,
y caer.
Las siluetas llenas de inocencia,
se vuelven sombras monstruosas acaparando mi realidad.
Los paisajes son borrosos,
la niebla me deja sin habla,
la voz se vuelve muda
y la claridad se torna opaca.
Sin vida,
sin ánimos,
y con toda el hambre del mundo,
expectante para devorarme.
Para comerse una a una,
todas las pocas probabilidades
y los intentos fallidos que me resultan,
al intentar salir.
Respirar es difícil,
vaerás,
el aire ya no es gratis
y aunque el oxígeno se vuelve un mercado,
mis pulmones no resisten.
Si hasta el corazón ya se quedo mudo,
lo dicen todas tus despedidas,
y lo canta a gritos,
aquella foto que aun conservo al final del ropero.
Rodeada de telaranas,
humedad y una que otra gota amarga,
de esas que caen en las noches,
donde la melancolía me invita a cerrar los ojos,
y me tienta,
a no volverlos a abrir.
observo los buenos recuerdos tambalear,
las horas repletas en palabras sin sentido,
y caer.
Las siluetas llenas de inocencia,
se vuelven sombras monstruosas acaparando mi realidad.
Los paisajes son borrosos,
la niebla me deja sin habla,
la voz se vuelve muda
y la claridad se torna opaca.
Sin vida,
sin ánimos,
y con toda el hambre del mundo,
expectante para devorarme.
Para comerse una a una,
todas las pocas probabilidades
y los intentos fallidos que me resultan,
al intentar salir.
Respirar es difícil,
vaerás,
el aire ya no es gratis
y aunque el oxígeno se vuelve un mercado,
mis pulmones no resisten.
Si hasta el corazón ya se quedo mudo,
lo dicen todas tus despedidas,
y lo canta a gritos,
aquella foto que aun conservo al final del ropero.
Rodeada de telaranas,
humedad y una que otra gota amarga,
de esas que caen en las noches,
donde la melancolía me invita a cerrar los ojos,
y me tienta,
a no volverlos a abrir.
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