prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
A mi mejor amigo lo considero una especie de sombra dispuesta a recibir las imprentas de las ruedas del alcohol. Sobrevivió a dos abandonos, tanto es así que no se acuerda si primero lo dejó su madre o la novia y suele alterar los tiempos de la vida. Por las noches a Martín le gusta dormir en la cocina, sentado en una silla siempre suya. Encender su cigarrillo y recostar la cabeza sobre la mesa. Antes que se acabe de quemar está en el mundo de los sueños. Yo escribo pero me distraigo mirando su mano y ese fuego silencioso que se le acerca. Decido involucrarme y lentamente, con cuidado para no despertarlo, aparto el peligro, sin embargo abre los ojos y me advierte que no le gusta que alguien le quite cosas suyas. "Pero si ni te toqué, pensaba que estabas durmiendo y lo hice para que no te quemaras". Me responde que sí, que estaba pero lo despertó mi hecho. Y vuelve a encender otro cigarrillo, luego se acuesta. Otra vez duerme, otra vez el fuego llega a su mano. Me quedo mirando sin hacer nada. Huele a piel quemada, hasta se escucha ese ruido específico, hasta que finalmente la colilla se apaga del todo. Martín, en su misma posición, sigue indiferente. Durmiendo, carne viva entre los dedos.
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